¿Cuáles serían entonces las particularidades del mundo del arte que inciden en un buen deal a mediano y largo plazo? Te las revelamos.

Al invertir en arte existen particularidades que inciden en que se convierta en una buena inversión. Para ejemplificarlo, bien vale contar una historia. En 1991, un coleccionista adquirió una obra del reconocido artista José García Cordero en una decisión de último minuto. Con el dinero que tenía reservado para comprar un carro, decidió comprar una pintura de unos 130 cms x 190 cms. Treinta años más tarde, ha multiplicado su valor 22,8 veces.

Si comparamos los treinta años de disfrute de esta en casa, sumado al retorno de inversión exponencial, nos externapodríamos preguntar qué tanto más hubiese costado el mismo carro al salir del dealer y dar unas vueltas por el todavía transitable Santo Domingo. Aún si nuestro sujeto de estudio se hubiese decantado por ingresar el dinero a plazo fijo, con la mejor tasa del mercado e interés compuesto, la ventajosa posición de invertir en arte es ineludible.

En el global y disperso
mercado del arte, basado en
gran parte en el networking, la
reputación y reconocimiento en
los círculos pertinentes son los
bienes más codiciados.

Este caso es uno de muchos. Sin embargo, el arte no es una apuesta inefable al momento de invertir. Entonces, ¿Cuáles serían entonces las particularidades del mundo del arte que inciden en un buen deal a mediano y largo plazo? La respuesta corta sería la información. El tino a la hora de elegir entre varios prospectos se da íntimamente ligado al conocimiento de la calidad intelectual y técnica del objeto. Ese maridaje materializado de la preparación y la audacia del artista. En el desregulado y ceñido mercado del arte, dicha calidad es solo la piedra angular de la historia.

Factores determinantes al invertir en arte

Invertir en Arte

Uno de ellos es la procedencia, es decir, su historia de propiedad. Un certificado de autenticidad, emitido por el artista, su representante o un historiador de arte especializado, es el documento que apuntala la legitimidad de esta. El trayecto recorrido por la obra y las colecciones públicas y privadas a las que ha pertenecido. Asimismo, las instituciones en las que se ha exhibido ratifican su perdurabilidad estética y conceptual en cuanto a su argumento visual y discursivo dentro del circuito de curadores y coleccionistas de alto nivel. Tal recorrido atestigua su relevancia por medio de la conservación y la catalogación profesional que ameritan estas participaciones.

En el global y disperso mercado del arte, basado en gran parte en el networking, la reputación y reconocimiento en los círculos pertinentes son los bienes más codiciados. La participación en ferias internacionales, gestionada usualmente por la galería que lo representa, es un buen indicador de tal posicionamiento. Estas galerías, llamadas mercado primario, ofrecen a los coleccionistas más osados la oportunidad de adquirir una pieza por primera vez directamente desde el estudio de artistas emergentes. Esto implica incurrir en una inversión de mayor riesgo, y a la vez, con mayor margen de ganancia en el caso de su repunte.

 

 

La ventajosa posición de invertir en arte es ineludible.

 

 

Por su parte, el mercado secundario, como son las casas de subastas y re-ventas entre coleccionistas, ofrece la certeza de un cuerpo de obra ya establecido. En el caso de contar con el presupuesto para invertir en un Basquiat, un Francis Bacon o Gerhard Richter, aplicaría la famosa frase del mundo de las subastas de las tres verdades inalienables: Death, taxes and Picasso. El punto en invertir en artistas cuya envergadura y legado se cimentan año tras año al liderar las listas de retorno en dicho mercado.

No menos importante: el «momentum»

Otro factor importante es el contexto en el cual se suscribe la obra. Por ejemplo, entre los artistas con mayor incremento en valor subastado en Nueva York este año se encuentran Amy Sherald (1973), quien pintase el icónico retrato oficial de Michelle Obama en 2018, siendo representada desde entonces por Hauser and Wirth. Asimismo, Flora Yukhnovich (1990), cuyo canvas de impetuoso impacto, Pretty Little Thing, se convirtió en una puja que llegó a los 1.18 millones de dólares. Ambos casos reafirman el poderío que continúan teniendo la factura, la sensibilidad y la familiaridad con el clima político y estético de la actualidad. Todo esto influyendo sobre las tendencias de adquisición en un mercado cambiante.

Más allá de la procedencia, el valor institucional y la proyección internacional del artista, el arte, como toda inversión, implica un riesgo calculado. Estos vectores son una guía que pretende, sin proponérselo, predecir las inclinaciones del ojo entrenado y atrevido del futuro.

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