Durante años hemos intentado resolver con disciplina, restricciones y fuerza de voluntad aquello que, en realidad, suele nacer mucho antes de sentarnos a la mesa. Detrás de la culpa, la ansiedad o la necesidad de controlar lo que comemos, casi siempre existen historias, creencias y emociones que llevamos años acumulando y que todavía están fuera de nuestra mirada.
En un momento en el que jamás habíamos hablado tanto de bienestar (y, paradójicamente, tampoco habíamos estado tan obsesionados con corregir el cuerpo), esta conversación resulta más necesaria que nunca.
La psicóloga clínica, especialista en trastornos de la conducta alimentaria y una de las voces que está redefiniendo la conversación sobre alimentación, imagen corporal y bienestar en República Dominicana, Alicia Lombardero, nos invita a poner el foco, por fin, sobre el lugar donde, quizás, nunca lo hemos puesto de lleno pero donde todo comienza: en el origen de la relación que construimos con nosotros mismos. Porque, muchas veces, la comida no es el problema pero casi siempre es el lugar donde termina manifestándose todo aquello que nunca aprendimos a sanar.

¿Cuál es la verdad más incómoda que las personas suelen descubrir en terapia cuando creen que vienen a resolver un problema con la comida?
Los problemas con la comida casi nunca tienen que ver solo con la comida. Muchas personas llegan pensando que ese es el conflicto, pero con el tiempo descubrimos que detrás también existen emociones, creencias, heridas o formas de afrontar la vida que necesitan atención. En muchos casos, la alimentación es apenas el síntoma de algo más profundo. Sanar también implica cuestionar y desaprender muchas de las ideas que hemos dado por cierta durante años, especialmente las heredadas de la cultura de dieta.
¿Dónde suele comenzar una historia de relación conflictiva con la comida?
Generalmente empieza mucho antes de que aparezca el conflicto con la comida. Influyen la familia, la cultura, las redes sociales y los mensajes que recibimos sobre el cuerpo. También las dietas restrictivas, que muchas veces terminan deteriorando la relación con la alimentación. Cuando aprendemos a valorar nuestro cuerpo únicamente por su apariencia, se vuelve mucho más difícil construir una relación sana con él.
¿Por qué algunas personas pasan toda una vida intentando cambiar su cuerpo y aun así nunca logran sentirse en paz dentro de él?
Porque vivimos en una cultura que constantemente nos convence de que nuestro cuerpo necesita ser corregido. Los ideales de belleza cambian, pero el mensaje permanece: nunca somos suficientes. Incluso cuando creemos no dejarnos influenciar, la exposición continua a cuerpos idealizados termina modificando nuestra percepción y alimentando una sensación permanente de insatisfacción en nosotros.
Muchas personas creen que les falta disciplina. Desde tu experiencia, ¿qué suele haber realmente detrás de esa percepción?
Muchas veces no falta disciplina; sobran expectativas irreales. Intentamos transformar nuestra vida de un día para otro y, cuando no lo logramos, asumimos que el problema somos nosotros. La verdadera clave está en construir hábitos sostenibles, adapta dos a nuestra realidad, no rutinas perfectas imposibles de mantener.
¿Qué estamos culpando a la comida de resolver que, en realidad, le corresponde sanar a otra parte de nuestra vida?
Con frecuencia utilizamos la comida para gestionar estrés, ansiedad, agotamiento o vacío emocional. La comida puede aliviar momentáneamente el malestar, pero no resuelve aquello que lo provoca. Muchas veces lo que necesita atención es nuestro descanso, nuestras relaciones, nuestro propósito o la manera en que estamos viviendo.
No siempre falta disciplina; muchas veces sobran expectativas imposibles”

En una época donde el bienestar parece estar al alcance de un suplemento, una dieta o una aplicación, ¿qué conversación seguimos evitando?
Que nadie conoce mejor nuestras necesidades que nosotros mismos. Hoy medimos todo, pero muchas veces hemos dejado de escuchar nuestro cuerpo. La salud no debería convertirse en una obsesión por optimizarlo todo, sino en una herramienta que nos permita vivir mejor.
Hoy se habla mucho de wellness. ¿Crees que estamos viviendo una redefinición del bienestar?
Sí, aunque también debemos preguntarnos si el bienestar se está convirtiendo en otra forma de consumismo. Cuando el wellness empieza a generar más estrés que bienestar, es momento de replantearlo. El verdadero bien estar no es una lista interminable de rutinas, sino una forma sostenible de cuidar nuestra salud desde el balance y la flexibilidad.
¿Cuáles son los comentarios que parecen inofensivos, pero pueden hacer mucho daño?
Deberíamos acostumbrarnos a opinar menos sobre el cuerpo de los demás. Comentarios como “qué flaca estás” o “te ves mejor ahora” pueden parecer cumplidos, pero des conocemos la historia detrás de ese cambio. El aspecto físico nunca cuenta toda la historia de una persona.
¿Qué errores ves con más frecuencia en personas que genuinamente quieren sanar, pero terminan atrapadas una y otra vez en el mismo ciclo?
Uno de los errores más comunes es creer que la terapia produce el cambio por sí sola. La transformación ocurre fuera del consultorio, cuando ponemos en práctica las herramientas aprendidas. El otro gran obstáculo es la impaciencia: queremos cambiar en semanas aquello que llevamos años construyendo.
¿Qué hábitos fortalecen nuestra capacidad de regular emociones sin depender de la comida?
Siempre recomiendo la respiración. Aunque parezca sencilla, tiene un enorme impacto sobre el sistema nervioso y nos ayuda a responder de forma más consciente. Pero también es fundamental construir una vida con espacios de disfrute, descanso, conexión y actividades que nos hagan sentir plenos. Cuanto más rica es nuestra vida emocional, menos necesitamos que la comida ocupe ese lugar.
¿Cómo luce una relación sana con la comida?
Es una relación basada en la confianza. Significa reconocer las señales del cuerpo, responder al hambre y a la saciedad sin culpa, disfrutar los alimentos con flexibilidad y dejar de convertir la comida en el centro de la vida. También implica mover el cuerpo desde el cuidado, no desde el castigo.
¿Cómo luce una relación sana con la comida?
Es una relación basada en la confianza. Significa reconocer las señales del cuerpo, responder al hambre y a la saciedad sin culpa, disfrutar los alimentos con flexibilidad y dejar de convertir la comida en el centro de la vida. También implica mover el cuerpo desde el cuidado, no desde el castigo.
Si pudieras dejar a nuestros lectores con una sola verdad sobre el cuerpo, la alimentación y el bienestar, ¿cuál sería?
La salud debería apoyar tu vida, no convertirse en toda tu vida. Nuestro cuerpo no es un proyecto que necesita ser corregido constantemente, sino el lugar desde donde vivimos, aprendemos, disfrutamos y construimos recuerdos. El verdadero bienestar consiste en desarrollar una relación con nuestro cuerpo que nos permita vivir con más libertad, flexibilidad y paz.

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