Rafael de los Santos, mejor conocido como Poteleche, ha hecho de la observación una de sus herramientas creativas más poderosas. Con humor, curiosidad y una mirada siempre atenta a lo que ocurre a su alrededor, ha construido un universo que transita entre la ilustración, el arte digital, la comunicación y distintos proyectos creativos. Hoy, la paternidad suma una nueva perspectiva a esa manera de interpretar el mundo.

En esta conversación, para nuestra sección Un Matcha con SDT, Poteleche habla sobre la dominicanidad, los límites del humor, la evolución del arte urbano, la responsabilidad de convertirse en referente para nuevas generaciones y esa creatividad que, después de años dibujando la realidad, todavía consigue sorprenderlo.

¿Cuándo probaste el matcha por primera vez?

Creo, si mal no recuerdo, que fue cuando le robé un traguito a una amiga, Carla Quiñones, para probar el que tenía, porque, la verdad, no es algo que suelo tomar.

Rafa, tú vives de observar y cuestionar la realidad. Ahora que tienes a alguien aprendiendo a ver el mundo a través de ti, ¿qué parte de la “dominicanidad” te da más miedo tener que explicarle a tus hijos?

Bueno, creo que no hay nada que me dé miedo explicarles. Hay cosas de la condición humana en general que me dan más miedo que la dominicanidad en particular. Quizás me preocuparía transmitirles esos estereotipos negativos que solemos asociar los dominicanos con nosotros mismos: que somos unos tigres y todas esas ideas que no necesariamente son tan positivas. Trato de tener mucho cuidado con eso.

En 2024 lanzaste Cuidado con las muecas, un libro para niños nacido de tu experiencia como papá. ¿Qué ha sido más difícil: caricaturizar a un presidente o lograr que un niño entienda el mundo a través de tus dibujos?

Creo que caricaturizar a un presidente es más difícil. Primero, porque me resulta complicado lograr que alguien se parezca realmente a quien estoy dibujando; técnicamente, eso me resulta más difícil que conseguir que un niño entienda lo que hago. Los niños tienen cerebros tan nuevos y tan capaces de comprender mucho más de lo que uno se imagina.

Estamos en un país muy inspirador de muchas formas: por lo bueno, por lo malo, por lo bonito y por lo feo”

El nombre “Poteleche” nació casi por accidente. Si hoy tuvieras que rebautizarte basándote en quién eres, ¿qué nombre escogerías?

Si tú supieras que he pensado mucho en eso… Como dices, mi nombre surgió casi por accidente y a veces me pregunto cuál habría elegido si lo hubiera hecho de manera más intencional. Y no tengo la respuesta. Posiblemente terminaría usando mi propio nombre o algo que despertara mucha menos curiosidad que Poteleche. Quizás por eso me he quedado con él.

Hoy eres un referente para muchos jóvenes. ¿Cómo te hace sentir haberte convertido en un modelo a seguir desde la autenticidad?

Cuando empecé a recibir esa información, cuando la gente comenzó a decirme que era una referencia para ellos de una forma u otra, sentía un poco de miedo porque implicaba una responsabilidad importante. Ahora lo asumo desde un lugar positivo, como un reto y una responsabilidad que quiero asumir de manera más activa. Quiero trabajar para aprovechar eso de la mejor manera.

Ramas como el arte digital o el grafiti han experimentado un gran crecimiento y reconocimiento en los últimos años. ¿Crees que, al “institucionalizarse” el arte urbano en República Dominicana, ha perdido su capacidad de protesta o simplemente ha aprendido a convivir con una dimensión más comercial?

Creo que todavía no ha alcanzado todo su potencial de protesta. Quizás, dentro del colectivo de personas que hemos llevado el arte urbano hacia esa institucionalización, nadie ha asumido realmente un discurso de protesta. Ojalá surjan jóvenes con esa inquietud. Por otro lado, en el arte digital y los dibujos —ámbito en el que, por ejemplo, logré notoriedad compartiendo mi trabajo en redes sociales—, considero que la crítica o la mirada social nunca se han visto perjudicadas por el hecho de que exista también una obra comercial en paralelo. Hasta ahora, gracias a Dios, todo ha podido convivir.

Ahora asumo ser referente para otros como una responsabilidad, pero también como un reto

Noticiero Poteleche, la agencia Modafoca, Poteleche Shop y otros proyectos artísticos y culturales forman parte de tu agenda. ¿Cómo logras equilibrar todas estas facetas?

Hace un par de años te habría dicho que durmiendo muy poco, pero he aprendido a hacerlo con organización, estableciendo prioridades y entendiendo que no se puede hacer todo a la vez. Hay que elegir qué va primero y qué puede esperar. La verdad es que, de una manera u otra, se puede. Hay muchas cosas que me llaman la atención y que quisiera intentar, pero tengo que detenerme. El stand-up comedy, por ejemplo, me parecía superinteresante y lo practiqué durante un tiempo, pero tuve que dejarlo porque hay que decidir y priorizar.

Dicen que el arte nunca deja de sorprender a quien lo crea. En tu caso, ¿de qué forma te sorprende tu propio trabajo en el día a día?

Me sorprende de muchísimas maneras. Quizás lo que más me sorprende constantemente es que nunca sabes qué reacción va a generar algo. A veces haces una pieza con todo el cariño del mundo y convencido de que será una bomba, y pasa casi desapercibida. Otras veces haces algo sin demasiadas expectativas y termina convirtiéndose en eso que todo el mundo te manda y comparte. Incluso yo, que hago esto todos los días y he desarrollado cierta capacidad para entender qué puede funcionar, sigo sorprendiéndome porque las cosas no siempre resultan como uno imagina.

¿De dónde se alimenta tu creatividad, Poteleche?

De todos lados. Creo que quien tiene sensibilidad artística no puede evitar sentirse inspirado por cualquier cosa. No subestimo ninguna conversación, ninguna persona ni ninguna experiencia. Estamos en un país muy inspirador de muchas formas: por lo bueno, por lo malo, por lo bonito y por lo feo. Siempre tengo los ojos y los oídos abiertos a todo eso.

¿Cuál es esa caricatura que dibujaste, terminaste y guardaste en una gaveta para siempre porque supiste que, si la publicabas, el país no se iba a reír, sino a incendiar?

Ninguna. Si siento que el país se va a incendiar por ella, posiblemente ni siquiera la dibuje; la dejo como una idea. Ha habido veces en las que he dibujado algo, lo he enviado y el periódico decide detenerlo. También ha habido otras en las que sí ha salido. El año pasado viví una experiencia con una caricatura que me enseñó mucho: aprendí que no con todo se puede estar relajando. Son cosas que pasan, pero normalmente, si pienso que algo puede generar una reacción negativa, posiblemente no llegue ni a dibujarlo.

¿Qué podemos esperar de Poteleche en lo que resta de 2026 y de cara al futuro?

Espero muchas cosas, la verdad. Tengo el plan de seguir construyendo proyectos alrededor de mi propia marca, como los talleres, los productos y los libros en los que he estado trabajando.

IG: @poteleche

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