En una industria donde el lujo ya no se define únicamente por la etiqueta, sino por la experiencia que logra construir alrededor de ella, Luisa María Fontana, gerente de Mercadeo de La Bodega de Manuel González Cuesta, entiende el vino, la coctelería y el consumo contemporáneo desde una mirada mucho más emocional y estratégica. Entre conversaciones sobre liderazgo, marcas con propósito y la evolución del consumidor dominicano, esta cata uno a uno revela cómo hoy las grandes botellas también cuentan historias sobre identidad, cultura y la manera en que elegimos celebrar.

En una casa donde conviven etiquetas con historias, territorios y códigos ta distintos… ¿cómo se construye un relato coherente sin diluir la esencia de cada una? ¿Cuál es ese “terroir invisible” que
sostiene el portafolio?

Con criterios claros de selección y gestión. No buscamos homogeneizar marcas, sino asegurarnos de que cada una tenga un rol definido dentro del portafolio: origen, target, ocasión de consumo y propuesta de valor. El “terroir invisible” es la disciplina en la selección y gestión del portafolio, la consistencia en la ejecución y el respeto por la esencia de cada marca. Pienso que es algo que tenemos muy definido junto al equipo comercial para lograr un portafolio robusto.

Cuando una marca trasciende la botella y se convierte en estilo de vida, ¿qué parte de tu mirada queda inevitable mente dentro de ella?

Queda mi foco en la ocasión de consumo y en la experiencia completa, no solo en el producto: cómo se presenta, dónde aparece y qué rol juega en la vida del consumidor. Mi mirada está en hacer que la marca sea relevante y funcional, no únicamente aspiracional. Me interesa que una marca no sea solo un producto, sino un gesto: una manera de celebrar, regalar y recibir.

Una marca memorable construye significado alrededor de la experiencia”

El vino exige tiempo, pausa y proceso; el marketing, velocidad. ¿Cómo negocias esa tensión sin traicionar la esencia del producto?

Lo pienso como dos ritmos con viviendo. El vino te enseña paciencia: la marca se construye por capas, como una crianza. El marketing te exige agilidad. La esencia de una marca se construye a largo plazo; las acciones se adaptan a la velocidad del mercado. Ser ágiles no implica cambiar el relato, sino optimizar la forma de contarlo.

Desde dentro, ¿qué está cambiando realmente en el consumo dominicano? Más allá de las tendencias globales, ¿cómo estamos redefiniendo la forma de celebrar y elegir?

El consumidor está más informado, más curioso, más intencional y también es más selectivo. Se valora más la calidad, el origen y la ocasión, no solo la marca. Además, vemos una evolución hacia celebraciones más pensadas y menos impulsivas, con mayor interés en propuestas bien ejecutadas.

En una industria históricamente masculina, ¿qué cambia cuando una mujer lidera la narrativa, la estrategia y la forma de presentar el producto?

Cambia el enfoque: se amplía. No porque una mirada sea “mejor” que otra, sino porque la diversidad eleva la conversación. En mi caso, existe un enfoque muy marcado en estructura, detalle y coherencia, combinado con escucha activa y decisiones claras. No se trata de género, sino de estilos de liderazgo más colaborativos y analíticos.

Si el nuevo liderazgo femenino fuera un vino, ¿cómo se definiría en carácter, estructura y notas?

Lo describiría como un vino con acidez viva (claridad y energía), buena estructura (consistencia y disciplina) y un final largo (resiliencia). En nariz tendría notas de intuición, valentía y trabajo silencioso. Y algo importante: no busca gustarle a todo el mundo; busca ser fiel a su origen.

Lo que hace trascender el momento no es el lujo, es la presencia”

Entre la coctelería de autor, el consumo consciente y las nuevas generaciones, ¿qué movimientos están redefiniendo el mercado dominicano?

Hay un movimiento hacia la experiencia: coctelería más creativa, maridajes y exploración de estilos. También un consumo más consciente: la gente elige mejor, ajusta ocasiones y busca calidad y coherencia. Las nuevas generaciones, además, empujan a las marcas a ofrecer algo más que presencia: piden propósito, estética, transparencia y experiencias compartibles.

Si tuvieras que diseñar una experiencia perfecta en Santo Domingo, ¿qué botella abres, a qué temperatura la sirves y en qué lugar la compartes para que ese momento trascienda?

Abriría una botella que celebre sin ruido: algo fresco, elegante y con energía. La serviría a muy buena temperatura para conservar textura y aroma. Y el lugar: Santo Domingo tiene magia cuando se mezclan historia y brisa; una mesa con buena conversación, luz cálida y ese punto donde la ciudad se siente cerca, pero el tiempo va más lento. Lo que hace trascender el momento no es el lujo, es la presencia.

IG: @labodegard

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