Paulette Tejada
La primera chef dominicana en ganar una competencia de Food Network
Ganar una competencia de Food Network convirtió a Paulette Tejada en la primera chef dominicana en alcanzar ese reconocimiento, pero para ella el verdadero triunfo va mucho más allá de un trofeo. Después de formarse en cocinas con estrellas Michelin, desarrollar su carrera en Nueva York y cocinar para celebridades y clientes de alto perfil, su mayor propósito sigue siendo el mismo: demostrar que la gastronomía dominicana tiene el talento, la historia y la identidad para ocupar un lugar entre las grandes cocinas del mundo.
Conversamos con ella sobre el orgullo de representar al país a través de cada plato, la importancia de cocinar desde las raíces y el sueño de seguir llevando los sabores dominicanos cada vez más lejos.

Haber ganado Chopped: Castaways en Food Network es un hito histórico. ¿Cómo se gestiona la presión mental de cocinar con recursos limitados y bajo el escrutinio de jueces internacionales?
Creo que la presión en escenarios como ese nunca desaparece; uno aprende a convivir con ella. En competencias como Chopped: Castaways tienes muy poco tiempo, ingredientes limitados y sabes que cada decisión está siendo analizada por algunos de los mejores profesionales de la industria en Estados Unidos. En ese momento no puedes cocinar desde el miedo; tienes que hacerlo desde la confianza en todo el trabajo que has realizado durante años.
Mi formación en cocinas Michelin me enseñó disciplina, organización y técnica, pero también a mantener la calma cuando todo parece estar en contra. Al final, la presión no define el resultado; lo hace tu capacidad de mantener la cabeza fría y cocinar con intención. Para mí, cada plato era una oportunidad de demostrar quién soy como chef y de representar a la República Dominicana con orgullo. Eso fue lo que me mantuvo firme durante toda la competencia.
En uno de los episodios preparaste una guinea guisada con guayaba. ¿Qué pasó por tu mente al decidir apostar por un plato tan arraigado a nuestra tierra en un escenario tan global?
Fue una decisión completamente consciente. Pude haber cocinado muchas cosas, pero sentí que cada vez que me tocaban ingredientes con los que crecí era una oportunidad para mostrar de dónde vengo. No quería hacer una versión disfrazada de la cocina dominicana para que pareciera «más internacional». Quería demostrar que nuestros sabores tienen el nivel para competir en cualquier escenario del mundo.
La guinea guisada con guayaba habla de nuestra identidad, de nuestra memoria y de los ingredientes con los que crecimos. Mi cocina siempre ha buscado reinterpretar nuestras raíces sin perder su esencia. Presentar ese plato fue una forma de decir: esto también es alta cocina y merece un lugar en la conversación gastronómica mundial.

Estudiaste fuera, trabajaste en cocinas con estrellas Michelin y hoy desarrollas tu carrera en Nueva York. ¿Cómo ha cambiado tu mirada sobre la cocina dominicana al verla desde el extranjero?
Curiosamente, mientras más viajo y más cocinas conozco, más dominicana me siento cuando cocino. Vivir fuera me hizo entender que muchas veces nosotros mismos subestimamos el valor de nuestra gastronomía. Cuando llegas a ciudades como Nueva York, donde conviven tantas culturas, descubres que la autenticidad es lo que realmente destaca. Nadie necesita que imitemos otras cocinas; lo que quieren conocer es nuestra historia.
Hoy mi trabajo consiste en demostrar que la cocina dominicana tiene una identidad propia, una enorme riqueza y un potencial todavía poco explorado. Me inspiran nuestra herencia taína, nuestros productos, nuestras técnicas y nuestros recuerdos. Mi misión es llevar esos sabores a escenarios internacionales con el mismo nivel de excelencia con el que se presenta cualquier gran cocina del mundo.
¿Qué es lo que más extrañas de la gastronomía dominicana y de qué manera esa nostalgia se refleja en los platos que creas en Nueva York?
Más que un plato específico, extraño los sabores que tienen historia. El olor de un sofrito recién hecho, una naranja agria, un casabe bien tostado, un buen mangú o un pollo guisado. Son sabores que inmediatamente me llevan a mi infancia y a mi familia.
Esa nostalgia alimenta mi cocina. No intento replicar exactamente lo que comíamos en casa, sino traducir esos recuerdos desde una mirada contemporánea. Muchas veces mis platos nacen de una emoción antes que de una receta. Creo que la cocina más honesta es la que emociona porque cuenta una historia, y la mía siempre empieza en República Dominicana.
Para mí, cada plato era una oportunidad de demostrar quién soy como chef y de representar a la República Dominicana con orgullo. Eso fue lo que me mantuvo firme durante toda la competencia”

Diseñaste el menú de Bokaguá, un espacio que fusiona la gastronomía dominicana con influencias asiáticas. ¿Cómo logras innovar sin perder la esencia de los sabores que nos representan?
Para mí, la innovación nunca puede convertirse en un disfraz. Si al probar un plato deja de sentirse dominicano, entonces perdimos el propósito.
Me gusta incorporar técnicas, productos y referencias de otras culturas, especialmente de Asia, porque son cocinas que admiro profundamente. Pero siempre parto de una identidad muy clara. Primero pienso cuál es la historia que quiero contar desde la cocina dominicana y luego busco las herramientas que me ayuden a contarla mejor. No creo en fusionar por fusionar. Creo en encontrar puntos de encuentro entre culturas que respeten el origen de ambas. Cuando eso sucede, el resultado se siente natural y auténtico.
Mi cocina siempre ha buscado reinterpretar nuestras raíces sin perder su esencia”



Como chef privada de celebridades, ¿qué has aprendido sobre la importancia de personalizar cada experiencia gastronómica y qué es lo que más disfrutas de ese formato?
Ser chef privada me ha enseñado que cocinar va mucho más allá de preparar un buen plato. Se trata de escuchar, observar y entender a la persona que tienes delante. Cada cliente tiene gustos, rutinas, restricciones e incluso recuerdos asociados a la comida. Mi trabajo consiste en transformar todo eso en una experiencia completamente personalizada.
Lo que más disfruto es ese nivel de detalle. Cocinar para alguien durante semanas, meses o años te permite entender qué lo hace feliz, qué lo sorprende y qué lo hace sentirse en casa. Esa confianza es un privilegio enorme. También he aprendido que el lujo no siempre está en el ingrediente más caro. Muchas veces está en la capacidad de hacer que una persona se sienta cuidada, comprendida y atendida a través de la comida. Ese, para mí, es el verdadero significado de la hospitalidad.
¿Qué quisieras que una persona sintiera o entendiera sobre República Dominicana después de probar uno de tus platos?
Me gustaría que entendiera que la gastronomía dominicana es mucho más profunda de lo que muchos imaginan. Detrás de cada ingrediente y de cada preparación hay siglos de historia, mezcla cultural y resiliencia.
Quisiera que, después de probar uno de mis platos, sintiera curiosidad por conocer nuestro país. Que descubriera que República Dominicana no solo tiene playas hermosas, sino también una identidad gastronómica rica, compleja y con muchísimo que aportar al mundo. Si logro despertar esa curiosidad, siento que hice bien mi trabajo.

Después de vivir tantos años fuera, ¿qué significa hoy para ti cocinar comida dominicana? ¿Ha cambiado esa respuesta con el tiempo?
Muchísimo. Cuando empecé mi carrera quería aprender todas las cocinas del mundo. Me fascinaban la técnica y los ingredientes nuevos. Pero mientras más viajé y más aprendí, más claro entendí que mi mayor fortaleza no era parecerme a nadie, sino contar mi propia historia.
Hoy cocinar comida dominicana significa honrar mis raíces y, al mismo tiempo, proyectarlas hacia el futuro. No me interesa reproducir recetas exactamente como existen; me interesa demostrar que nuestra cocina puede evolucionar, dialogar con otras culturas y ocupar un lugar entre las grandes cocinas del mundo sin perder su esencia.
¿Qué consejo le darías a los jóvenes cocineros dominicanos que sueñan con construir una carrera internacional sin perder su identidad?
Les diría que aprendan todas las bases posibles. Que viajen, trabajen con chefs exigentes, salgan de su zona de confort y nunca dejen de estudiar. Pero también les diría algo que a veces olvidamos: no intenten esconder de dónde vienen para encajar. Justamente lo que los diferenciará en una cocina de Nueva York, Tokio o Copenhague será la historia que solo ustedes pueden contar.
La técnica se aprende. La identidad no. Esa hay que protegerla y cultivarla todos los días.
Después de este gran logro, ¿cuál es el siguiente sueño que quieres conquistar y qué viene ahora para Paulette Tejada?
Ganar fue un sueño enorme, pero siento que apenas es el comienzo. Quiero seguir representando a la República Dominicana en los escenarios gastronómicos más importantes del mundo, desarrollar proyectos que lleven nuestra cocina a una audiencia internacional y demostrar que nuestros ingredientes y nuestra historia tienen un lugar en la alta gastronomía.
También sueño con abrir un espacio que refleje por completo mi visión como chef: una cocina profundamente dominicana, inspirada en nuestra herencia taína, contemporánea, creativa y capaz de emocionar tanto a un dominicano como a alguien que nunca ha visitado nuestro país. Quizás ese sueño sea precisamente el que me haga regresar al país para hacerlo realidad. Siento que todavía tengo muchísimo por construir. Este logro no representa una meta alcanzada, sino una responsabilidad aún mayor: seguir abriendo puertas para quienes vienen detrás.
Hoy cocinar comida dominicana significa honrar mis raíces y, al mismo tiempo, proyectarlas hacia el futuro”

IG: @paulettetejada
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