En un mercado donde la percepción del marketing se ha reducido a contenido, Krystal Serret, estratega de marketing y consultora de marcas, opera desde donde realmente se define el valor: la estrategia. Con más de una década de experiencia liderando y desarrollando marcas en industrias como turismo, real estate, hospitalidad y movilidad (Volvo es una de ellas), ha trabajado junto a empresas que hoy destacan por su claridad, consistencia y posicionamiento en el mercado dominicano y regional. En un entorno donde muchas marcas compiten por atención, su enfoque parte de algo menos inmediato, pero mucho más determinante: construir percepción, criterio y dirección a largo plazo. Porque antes de existir en redes, una marca necesita existir con claridad en la mente de las personas.

Se dice que hoy “todo el mundo hace marketing”. ¿Qué es lo que están haciendo mal la mayoría de las marcas ahora mismo?

Publicar contenido en redes sociales no es marketing. Antes se confundía marketing con publicidad en medios tradicionales; hoy se confunde con tener un Instagram activo. Y ojo: las redes son una herramienta extraordinaria, un aliado poderoso, pero son el canal, no la estrategia. Marketing es la identidad visual y verbal de una marca. Es la propuesta de valor, la arquitectura de precios y la experiencia completa que vive el cliente desde el primer contacto hasta mucho después de la compra. Es tener claridad sobre qué problema resuelve la marca, para quién lo resuelve y por qué es la mejor opción. Un plan de marketing bien construido responde todas esas preguntas primero, y después decide en qué canales va a aparecer.

En un entorno saturado de contenido, ¿qué hace que una marca sea verdaderamente relevante?

Tres cosas: identidad, coherencia y experiencia. Y las tres están íntimamente conectadas. Primero, identidad. No perseguir cada trend. Mantenerse vigente no es lo mismo que seguir a la multitud. En 2025, vimos a marcas globales perder millones y algo más valioso: la confianza de su audiencia, por lanzar campañas que se sentían forzadas, desconectadas de quiénes eran. Segundo, coherencia. Lo que prometes tiene que ser exactamente lo que entregas en cada interacción, en cada punto de contacto. Tercero, experiencia. Las marcas que perduran son las que generan algo que puedes sentir y recordar. Y hoy, cuando la IA puede reproducir casi todo lo demás, la experiencia auténtica es el diferenciador.

Tienes una trayectoria corporativa fuerte y hoy operas desde la estrategia. ¿Cómo ha cambiado tu manera de tomar decisiones?

Lo que cambió es la velocidad y el nivel de responsabilidad personal que conlleva cada decisión. En el mundo corporativo hay filtros, estructuras y procesos de aprobación. Hoy, la decisión es mía y las consecuencias también. Eso te afina el criterio de una manera que no tiene comparación; te obliga a ser más selectiva, más precisa, más intencional.

Se habla mucho de data, automatización, inteligencia artificial… ¿qué parte del negocio sigue siendo necesariamente humana?

El criterio. Puedes tener toda la data del mundo y, aun así, tomar la decisión equivocada si no sabes interpretarla en contexto. La empatía no se automatiza, ni la confianza se programa. La inteligencia artificial no puede sentarse frente a un cliente, leer lo que no está diciendo, entender el miedo real detrás de una objeción y convertir eso en una estrategia que dé resultados. Y aunque sí puede escalar contenido, optimizar pauta y predecir patrones, sin una dirección estratégica produce lo que la industria ya llama “AI slop”: contenido genérico, sin alma, que no conecta con nadie. Las marcas que están perdiendo terreno son las que confunden velocidad con estrategia.

Has trabajado en industrias muy distintas. ¿Qué tienen en común las marcas que sí logran posicionarse?

Consistencia y una visión compartida. Las marcas que trascienden no cambian de mensaje ni de estrategia cada vez que cambia la tendencia. Saben quiénes son, lo sostienen en el tiempo y confían en el proceso, aunque los resultados no sean inmediatos. Y hay algo que para mí es determinante: que los líderes apunten en la misma dirección. Cuando hay visiones distintas en la cima, esa fractura se filtra hacia abajo y eventualmente sale afuera. El posicionamiento no se construye en una campaña ni en un trimestre; se construye en años, con planificación, consistencia y todos remando hacia el mismo lado.

¿Cuál sería la decisión difícil que hoy tomarías más rápido que hace 10 años?

Decir que no. A un cliente que no es el adecuado, a un proyecto que no está alineado con lo que hago, a una oportunidad que se ve bien en papel, pero no tiene sentido estratégico. Antes lo sentía como una pérdida. Hoy lo entiendo como una decisión de enfoque, y el enfoque es uno de los activos más valiosos que existe. No todo lo que llega merece tu tiempo ni tu energía. Aprender eso temprano te cambia la trayectoria.

En lo personal: ¿qué te define hoy como líder?

Que entiendo la diferencia entre ser jefa y ser líder, y trabajo todos los días para ser lo segundo. Un líder no es solo quien toma decisiones o tiene autoridad jerárquica; es quien direcciona, influye y, sobre todo, es ejemplo. Me gusta delegar con confianza, escuchar iniciativas y darle espacio al equipo para construir, no solo para ejecutar. Cuando dejas de microgestionar y empiezas a confiar, suceden cosas que nunca hubieras podido planificar sola.

Se habla mucho de liderazgo en salas de juntas, pero poco del que se ejerce en casa. ¿Qué te han enseñado tus hijos sobre cómo liderar mejor?

Me enseñaron que no todo es urgente. Y cambiar ese chi fue más difícil de lo que suena. La maternidad me enseñó que pausar no es perder tiempo, es ganar perspectiva. Una estratega que sabe detenerse a tiempo toma mejores decisiones. También le dieron una dimensión diferente a mis prioridades, porque tuve que aprender que no siempre se tiene el control absoluto, que las cosas pasan y que el tiempo es el único recurso que no se recupera. Eso cambia cómo valoras cada decisión.

Si tuvieras que definir el “nuevo poder” en una sola idea, ¿cómo sería?

Autenticidad. El mundo está lleno de versiones editadas, de marcas y personas que muestran lo que creen que otros quieren ver. Las redes sociales han amplificado eso hasta un punto en el que muchas marcas han perdido su esencia tratando de imitar lo que está de moda. Y, precisamente por eso, quien se atreve a mostrarse tal como es, con sus convicciones, con su historia y con sus con tradicciones, tiene un poder que no se puede copiar ni con el que se puede competir.

IG: @krystal_serret

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