En una era dominada por la inmediatez y el contenido fugaz, Ingrid Gómez ha convertido la conversación en una herramienta de conexión, reflexión y crecimiento. A través de Mujeres al Borde —su reconocido talk show en formato televisión, radio y podcast— la comunicadora dominicana ha construido un espacio donde las historias de mujeres dejan de sentirse lejanas o perfectas para mostrarse desde la vulnerabilidad, la sensibilidad y la experiencia humana.

Más allá de entrevistas o conversaciones frente al micrófono, su propuesta gira alrededor de algo mucho más profundo: crear contenido de valor capaz de inspirar, acompañar y abrir diálogos necesarios sobre autoestima, sororidad, propósito y evolución personal.

Conversamos con ella sobre el poder de las historias, la responsabilidad de comunicar y el territorio emocional que hoy explora a través de sus distintas plataformas.

A diferencia de la inmediatez de otros medios, el podcasting permite profundizar en temas de vulnerabilidad y crecimiento. ¿En qué medida sientes que este espacio ha humanizado la figura de la mujer exitosa en RD, rompiendo con el mito de perfección que a veces imponen las redes sociales?

En mi caso, mis distintos formatos y plataformas están completamente alineados. Siempre busco historias de mujeres que nos dejen lecciones, que nos inspiren. Algunas serán famosas, otras anónimas, pero todas tienen algo valioso que aportar y enseñar. Me interesan las grandes líderes femeninas que inspiran con su camino recorrido, sus retos y también sus éxitos.

La sororidad es vital para mí. La predico con el ejemplo”

Has construido una marca personal sólida en distintos formatos. ¿Cómo logra tu podcast diferenciar su mensaje dentro de ese universo?

Mi talk show vive en todos los formatos y plataformas, para que las personas puedan consumirlo donde quieran y cuando puedan. Dependiendo de la generación, variará la manera en que me consumen.

Si me preguntas cuál sigue siendo el formato más importante, sin duda la televisión continúa siendo increíble. Por más que algunos la subestimen, es a través de ella que llegamos tanto a Capotillo como a Piantini, pero también a Pedernales, La Vega, Nagua y hasta Cutupú. Y es justamente en nuestros pueblos, campos y barrios más vulnerables donde más se necesitan estas historias y conversaciones llenas de poder femenino.

Los más jóvenes, incluidos mis hijos Gen Z, me ven en YouTube o en podcast… pero me ven, y eso me encanta. Me comentan, me admiran y eso me llena el corazón.

Al final, mi misión es entregar contenido de valor, contenido que aporte algo real, porque si no, no tiene sentido.

En una era donde el oversharing es moneda corriente, ¿qué filtro aplicas para decidir qué parte de una historia debe quedarse en la privacidad de la cabina y qué debe salir al aire?

Siempre le daré prioridad a las invitadas. Nunca sacaría al aire algo que les perjudique o con lo que no se sientan cómodas. Siempre protegeré al ser humano ante todo.

Al definirte como una “custodia” de las lecciones de otras mujeres, ¿sientes que el podcasting te ha exigido una madurez emocional distinta a la de la televisión tradicional?

Siento que es lo mismo. Cuando tienes tus valores firmes y vives cultivándote a nivel intelectual, emocional y espiritual, en cualquier plataforma sientes el deber de cuidar, inspirar y aportar a nuestras mujeres. La sororidad es vital para mí. La predico con el ejemplo, aunque no abunda tanto como yo quisiera.

¿Cómo logras que el mensaje de empoderamiento y éxito no se sienta ajeno o inalcanzable para una mujer en una comunidad remota con realidades económicas distintas?

Eso es vital. Requiere mucha empatía, sensibilidad y tacto. Trato de variar mis temas e invitados para que se aprecie y entienda que el crecimiento y la evolución pueden darse desde cualquier realidad. Tenemos grandes ejemplos de personas que han roto el molde y han logrado salir adelante desde muy abajo, cambiándoles la vida a los suyos.

También creo que hay personas que quizá la tuvieron más fácil para arrancar y aun así son ejemplos de alto valor. No me gusta dictaminar el resultado de un ser humano en función de su clase social.

Aprender de las lecciones de vida de otras mujeres me parece algo milagroso”

Siendo la televisión tu gran aliada para llegar a “nuestros pueblos y campos”, ¿consideras que el contenido de valor es hoy una herramienta de justicia social en RD?

Totalmente. Con esta pérdida de valores, que hoy se visibiliza mucho más porque lo negativo —lamentablemente— suele hacer más ruido y termina apagando u opacando lo bueno, siento que todo el que tenga la responsabilidad de comunicar a distintas comunidades debería tener la voluntad de aportar valor de alguna manera. Más que una opción, es nuestra responsabilidad.

Tus hijos y su generación te consumen en digital. ¿Qué es lo que más te ha sorprendido de los cuestionamientos o el feedback que recibes de ellos sobre tu contenido?

Me encanta sentir que mis hijos me admiran y que les caigo súper bien. Ninguno tiene venas de comunicador o influencer; más bien son muy privados y de bajo perfil. Pero me validan y me hacen sentir muy amada. Son mis fans y siguen todo mi trabajo por YouTube y redes, aunque yo prefiero llamarlo vivir mi pasión y mi propósito.

Después de escuchar tantas historias de transformación, éxito y vulnerabilidad femenina, ¿qué conversaciones sientes que las mujeres dominicanas todavía necesitan tener con más honestidad, incluso entre ellas mismas?

La falta de sororidad aún es un handicap nuestro; ahí los hombres nos aventajan porque son más unidos. También está la baja autoestima de muchas mujeres, que las lleva —consciente o inconscientemente— a escoger mal o quedarse en relaciones tóxicas. Eso es grave.

Y también ese machismo radical de muchos hombres, que los lleva a abusar de sus parejas cuando ellas quieren dejarlos, creyendo que son objetos que les pertenecen. Incluso los abusos a niñas y adolescentes, muchas veces dentro de las mismas familias, siguen siendo temas pendientes y prioritarios en nuestra sociedad.

Más allá de las palabras, el formato podcast tiene silencios y matices de voz que la televisión a veces atropella. ¿Cuál es ese “territorio emocional” o esa faceta de tu personalidad que solo Ingrid Gómez se permite mostrar cuando sabe que el oyente la tiene literalmente en sus oídos, sin distracciones visuales?

Soy la misma siempre. No sé asumir papeles ni cambiar mi voz. Pero creo que en radio, por ser interactiva, diaria y en vivo, a veces me permito ser más casual o más reactiva ante ciertos temas de actualidad que me indignan. También soy más espontánea, aunque eso implique indignarme y hasta dar un buen boche —en buen dominicano— ante injusticias o problemáticas que me hacen sentir impotente y frente a las cuales solo me queda hablar, pero hablar duro.

Mi misión es entregar contenido de valor, contenido que aporte algo real”

IG: @ingridgomeztv

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