El turismo de República Dominicana atraviesa, sin duda, uno de los mejores momentos de su historia, y destinos como Cabarete forman parte de esa conversación. Detrás de esta nueva visión se encuentra Leonardo Wehe, quien apuesta por una manera distinta de desarrollar la localidad.

El joven desarrollador, líder de algunos de los proyectos inmobiliarios y culturales más ambiciosos de la Costa Norte, entiende que el verdadero lujo ya no se construye únicamente desde la arquitectura, sino también desde la identidad, la narrativa y la experiencia humana.

Entre desarrollo inmobiliario, hospitalidad y gestión cultural, Wehe impulsa una nueva etapa para este emblemático pueblo costero, apostando por un modelo de baja densidad profundamente conectado con la naturaleza y el estilo de vida que históricamente ha definido a Cabarete. Conversamos con él sobre el futuro del destino, el valor cultural del cine y el jazz, y cómo la autenticidad podría convertirse en el activo más valioso del Caribe.

En tu visión, describes a Cabarete como un lugar suspendido entre la nostalgia y un potencial no realizado. ¿Qué viste en este litoral que los inversionistas tradicionales, enfocados en mercados ya validados, no lograron identificar?

Creo que el error más común del inversionista tradicional es mirar únicamente la fotografía actual del mercado. Yo siempre intenté mirar la película completa. Cabarete tenía algo que hoy es extremadamente escaso en el Caribe: autenticidad. Y la autenticidad, cuando se combina con una ejecución profesional, termina convirtiéndose en lujo.

Muchos veían un pueblo pequeño, desorganizado y sin infraestructura institucional. Yo veía un activo subvalorado, con barreras naturales enormes para replicarse. El viento, la playa, la mezcla cultural y la escala humana del pueblo… eso no se fabrica.

El problema nunca fue Cabarete. El problema era la falta de visión a largo plazo y de proyectos ejecutados con estándares internacionales. Nosotros no estamos apostando simplemente a vender apartamentos. Estamos apostando a reconstruir la relevancia de un destino completo.

¿Cómo se construye lujo en Cabarete sin destruir esa energía bohemia que lo hizo famoso en primer lugar?

Para mí, el gran error del Caribe moderno es confundir lujo con artificialidad.

Muchos destinos se volvieron demasiado producidos. Perdieron alma. Todo empieza a parecerse a todo. Cabarete tiene una energía muy difícil de replicar porque todavía se siente real. Aquí conviven atletas profesionales, artistas, emprendedores, familias locales y expatriados en una misma playa. Esa mezcla es oro.

Entonces, el desafío no es borrar esa identidad, sino elevarla. Queremos que alguien llegue a Cabarete y sienta que descubrió algo especial… no un resort genérico más.

Y también creo que nuestros números hablan por sí solos. No solamente por el volumen de ventas, sino también por los precios nominales de las propiedades y el valor por metro cuadrado que estamos logrando. Hoy competimos directamente con algunos de los proyectos más cotizados de República Dominicana, pero ofreciendo una experiencia mucho más auténtica y diferenciada.

¿Es el “lujo de baja densidad” la única forma de preservar la identidad de la Costa Norte?

No sé si es la única, pero definitivamente creo que es la correcta.

La Costa Norte no puede competir desde el volumen. Nunca le va a ganar a Punta Cana en cantidad de habitaciones, ni debería intentarlo. Su fortaleza está en otra parte: naturaleza, escala humana, lifestyle, deporte y comunidad.

Queremos que alguien llegue a Cabarete y sienta que descubrió algo especial… no un resort genérico más”

Creo que los hoteles todo incluido abandonados a lo largo de la Costa Norte son una evidencia clara de que ese modelo de negocio aquí no funciona. Cuando sobredensificas un destino así, destruyes exactamente aquello que le daba valor. Apuesto muchísimo en proyectos más integrados con el entorno, con más espacio verde, menos saturación y una relación mucho más fuerte entre arquitectura y naturaleza. Eso no solamente preserva identidad: también protege el valor inmobiliario a largo plazo.

El comprador premium hoy no quiere sentirse dentro de una máquina de turismo masivo. Quiere exclusividad emocional.

Se te describe como alguien obsesionado con la narrativa y la experiencia. ¿Cómo se refleja esa visión del branding en el diseño arquitectónico de tus proyectos actuales?

Hoy los destinos compiten como marcas globales. Y una marca no es solamente un logo; es cómo te sientes cuando vives la experiencia.

Nosotros diseñamos pensando muchísimo en emociones. Cómo entra la luz. Cómo se siente el viento. Cómo se conecta una persona con el mar. Cómo circula dentro de un espacio. La arquitectura tiene que transmitir calma, aspiración y pertenencia.

También intento evitar esa arquitectura caribeña genérica que parece salida de un catálogo internacional. Me interesa muchísimo que los proyectos tengan identidad propia y una narrativa coherente con Cabarete. Al final, cuando alguien compra aquí, no está comprando solamente metros cuadrados. Está comprando una visión de vida.

¿Cuáles son los estándares innegociables que estás introduciendo para competir con los mercados más consolidados del Caribe?

Operación profesional. Ese es, probablemente, el punto más importante.

Muchos proyectos en el Caribe venden muy bien… y cinco años después ya están deteriorados porque nadie pensó en la operación a largo plazo. Nosotros estamos obsesionados con management, hospitalidad, mantenimiento, rental programs, experiencia del huésped y consistencia estética.

También hay estándares técnicos que para nosotros son innegociables: diseño funcional, materiales duraderos para el clima tropical, tecnología integrada, servicio hotelero real, amenities ejecutados correctamente y control de calidad constante. Pero, sobre todo, hay algo mental: dejar de pensar como un mercado pequeño.

Cabarete tiene que empezar a competir globalmente. Y eso exige estándares globales.

Eres el líder detrás de dos de los eventos más importantes del año, el Cabarete Jazz Festival y el Cabarete Film Festival. ¿Por qué un desarrollador inmobiliario decide invertir tanto esfuerzo en la gestión cultural?

Porque los destinos no se construyen solamente con cemento. Se construyen con identidad cultural, conversación y relevancia emocional. El cine, el jazz y el arte… todo eso eleva la percepción internacional de un lugar. Genera sofisticación. Genera narrativa. Genera comunidad.

Yo siempre digo que el verdadero lujo hoy es pertenecer a lugares que tienen alma y vida cultural real. Además, estos eventos atraen un perfil de visitante muy interesante: creativo, internacional, conectado globalmente y con sensibilidad estética. Exactamente el tipo de persona que después termina invirtiendo, comprando o promoviendo el destino. Entonces sí, indirectamente también impacta el valor inmobiliario. Pero, más importante aún, ayuda a construir el tipo de Cabarete que queremos para el futuro.

Cabarete tenía algo que hoy es extremadamente escaso en el Caribe: autenticidad”

Luego de presentar su primera edición, ¿qué podemos esperar de la propuesta del Film Festival y cómo este evento posicionará a Cabarete dentro del mapa global de las industrias creativas?

El Film Festival recién empieza. Lo vemos como una plataforma de largo plazo. Nuestra visión es convertir a Cabarete en un punto de encuentro creativo internacional. Un lugar donde cineastas, artistas, músicos y emprendedores culturales quieran venir no solamente a presentar contenido, sino también a convivir, colaborar y crear.

Cabarete tiene algo cinematográfico de manera natural. La luz, el mar, el viento y la energía humana del pueblo… todo tiene muchísimo carácter visual. Y creo que el mundo está cansándose un poco de los destinos ultracorporativos. Hay un retorno hacia lugares más auténticos, más creativos y más humanos.

Ahí es donde Cabarete puede ocupar un espacio muy interesante.

¿Cómo influye tu mentalidad internacional en la forma de negociar y atraer capital hacia República Dominicana?

Creo que me influye muchísimo haber recorrido el mundo consumiendo turismo de lujo y, especialmente, destinos vinculados a deportes acuáticos. He estado en muchísimos lugares considerados “aspiracionales”: desde el Mediterráneo hasta el Caribe, pasando por spots de surf, kite y windsurf en distintas partes del mundo.

Y, honestamente, muy pocos lugares tienen lo que tiene Cabarete. La combinación aquí es rarísima. Hay viento constante, una playa espectacular, un pueblo caminable, una mezcla internacional auténtica, naturaleza todavía intacta y una energía humana muy difícil de explicar. En muchos destinos premium sientes que todo fue fabricado artificialmente para el turista. Cabarete todavía se siente vivo.

Entonces, cuando hablo con inversionistas internacionales, no les vendo una fantasía inventada por marketing. Les hablo desde la experiencia real, comparando Cabarete con algunos de los mejores destinos del mundo. Y ahí es donde creo que aparece la gran oportunidad: Cabarete todavía está muy subdesarrollado en relación con el nivel de lifestyle que realmente puede ofrecer.

Yo sinceramente creo que, bien ejecutado, Cabarete puede convertirse en uno de los destinos lifestyle y de deportes acuáticos más importantes del planeta. Y creo que el capital inteligente empieza a darse cuenta de eso.

El comprador premium hoy no quiere sentirse dentro de una máquina de turismo masivo. Quiere exclusividad emocional”

En diez años, cuando se hable del “Nuevo Cabarete”, ¿qué parte de esa transformación te gustaría que fuera recordada como tu principal aporte?

Me gustaría que dijeran que ayudamos a devolverle ambición al destino.

Cabarete vivió durante mucho tiempo mirando hacia atrás, hablando de lo que había sido en los años 90. Yo quiero que volvamos a hablar del futuro. Si logramos demostrar que desde el sector privado se puede elevar un destino completo, combinando real estate, hospitalidad, cultura y comunidad, creo que eso sería un aporte importante. Y también me gustaría que Cabarete conserve su esencia. Que no pierda el alma en el proceso de crecer. Eso sería un fracaso.

¿Qué es lo que más te apasiona de despertar cada día y ver la transformación física de este pueblo costero?

La sensación de estar construyendo algo que trasciende un proyecto individual. Yo camino por Cabarete y veo movimiento. Veo energía. Veo inversión. Veo gente joven apostando nuevamente por el pueblo. Y, honestamente, eso entusiasma muchísimo. Porque transformar un destino no pasa de un día para otro. Son años de insistencia, riesgo y trabajo constante. Pero llega un momento en el que empiezas a sentir que algo está cambiando de verdad.

Y creo que Cabarete recién está entrando en esa etapa.

IG: @leonardowehe

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