Jimmy Llibre
El piloto dominicano que hizo historia como el único latino en la categoría PRO del GT4 America 2026
Hace tres años tuve la dicha de conversar con Jimmy Llibre, y mi convicción sobre él sigue siendo la misma: es imparable. Cada vez que Jimmy entra a pista, no corre únicamente por resultados o posiciones. Corre por un sueño que comenzó desde muy pequeño, proveniente de una auténtica dinastía del automovilismo dominicano, y que hoy lo ha convertido en el único representante latinoamericano dentro de la categoría PRO del GT4 America.
Entre viajes, entrenamientos y uno de los calendarios más exigentes de su carrera, el piloto dominicano comparte con Times cómo vive la presión, el sacrificio y el orgullo de representar a República Dominicana en escenarios internacionales. Te invitamos a disfrutar de esta amena conversación en las siguientes líneas.

Jimmy, acabas de competir en Sebring, un circuito famoso por su superficie irregular y su alto nivel de exigencia mecánica. ¿Cómo describirías la sensación de ser el único representante latinoamericano en la categoría PRO este año?
Para mí, competir en uno de los niveles más altos del automovilismo internacional representa un orgullo inmenso. Desde mis inicios en este deporte, siempre soñé con alcanzar grandes metas y, sobre todo, con llevar el nombre de República Dominicana en alto, demostrando que en nuestro país hay talento, disciplina y capacidad para competir al máximo nivel.
Poder representar a República Dominicana como marca país en escenarios tan importantes del automovilismo internacional es algo que asumo con muchísima responsabilidad y orgullo. Cada vez que salgo a pista, siento que no corro solo por mí, sino también por todos los dominicanos y latinoamericanos que sueñan en grande y quieren ver nuestra bandera presente en las categorías más competitivas del mundo.
El hecho de ser este año el único latinoamericano en la categoría PRO le da un significado aún más especial a todo este esfuerzo. No solo estoy representando a mi país, sino también a toda Latinoamérica en una categoría extremadamente exigente y competitiva. Eso me llena de satisfacción, motivación y compromiso para seguir dando lo mejor de mí dentro y fuera de la pista.
Competir en circuitos como Sebring, reconocido mundialmente por su dificultad y nivel de exigencia física y mecánica, hace que cada resultado y cada avance tengan aún más valor. Al final, todo esto forma parte de un sueño que seguimos construyendo con mucha pasión, sacrificio, esfuerzo y con Dios por delante, siempre.
En un grupo de 35 pilotos provenientes de Estados Unidos y Europa, ¿sientes una presión adicional al saber que llevas la bandera dominicana en solitario dentro de la élite del GT4?
Claro que existe una presión adicional, pero todo depende de cómo decidas asumirla. En mi caso, la transformo en motivación. Sé que muchos de los pilotos contra los que competimos vienen de estructuras muy grandes en Estados Unidos y Europa, con más experiencia, recursos y preparación desde edades muy tempranas. Pero justamente eso es lo que más me impulsa a demostrar que nosotros también podemos competir al más alto nivel.
Eso me motiva a esforzarme el doble, a trabajar más fuerte y a ponerle todavía más corazón a lo que hago. Porque en República Dominicana hay talento de sobra, y lo hemos demostrado cada vez que tenemos la oportunidad de representar nuestra bandera internacionalmente.
El hecho de ser este año el único latinoamericano en la categoría PRO le da un significado aún más especial a todo este esfuerzo”

¿Qué fue lo más complejo de adaptar tu estilo de manejo a las vibraciones y desafíos técnicos de un trazado con tanta historia como Sebring?
Sebring es uno de esos circuitos que realmente te pone a prueba como piloto en todos los sentidos. Lo más complejo fue adaptarme a las constantes vibraciones y a lo agresiva que puede llegar a ser la superficie durante toda la vuelta. Es una pista donde el carro prácticamente nunca descansa, y eso exige muchísima sensibilidad para entender hasta dónde puedes llevar el auto sin sobreexigir los neumáticos o incluso cometer un error.
También es un circuito que demanda mucha paciencia e inteligencia. No siempre el piloto más agresivo es el más rápido, sino el que mejor sabe administrar el ritmo, cuidar el carro y mantenerse consistente en condiciones tan difíciles. Pero justamente eso es lo que hace a Sebring tan especial y respetado a nivel mundial. Es una pista con muchísima historia, muy técnica y físicamente demandante, donde realmente sientes que cada vuelta te obliga a sacar tu mejor versión como piloto.
Este 2026 marca un paso ambicioso en tu carrera. ¿Cómo ha sido la transición mental y física de competir a tiempo completo en GT4 America en comparación con tu experiencia previa en la Porsche Carrera Cup North America?
Definitivamente ha sido una transición muy grande, tanto mental como físicamente. La Porsche Carrera Cup North America me ayudó muchísimo a crecer como piloto, especialmente por el nivel tan competitivo que tiene la categoría y lo exigente que es manejar un Porsche 911 Cup Car. Pero dar el paso a GT4 America ha significado evolucionar en muchos otros aspectos del automovilismo profesional.
En GT4, el trabajo en equipo toma todavía más importancia. Compartir el auto con un compañero, trabajar juntos en la estrategia, la adaptación del carro y el manejo de carrera cambia completamente la dinámica y te obliga a tener una mentalidad mucho más completa y madura como piloto.
También físicamente ha sido un reto distinto. Las carreras son más largas, las condiciones cambian constantemente y debes mantener un nivel de concentración muy alto durante más tiempo. He tenido que enfocarme aún más en mi preparación física, recuperación y resistencia para poder rendir al máximo durante todo un fin de semana de carrera.
Mentalmente, siento que este paso también me ha ayudado muchísimo a crecer. Competir a tiempo completo en GT4 America representa un gran compromiso y una responsabilidad aún mayor, especialmente llevando la bandera de República Dominicana y representando a nuestro país como marca país en escenarios internacionales tan importantes.
Además, uno de los principales objetivos de esta transición es continuar desarrollándome dentro del automovilismo de resistencia y poder obtener las licencias necesarias para competir en campeonatos GT3 y categorías de endurance de nivel mundial. Ese siempre ha sido parte del plan y del sueño: seguir escalando paso a paso hacia las grandes competencias internacionales de resistencia.
Desde mis inicios en este deporte, siempre soñé con alcanzar grandes metas y, sobre todo, con llevar el nombre de República Dominicana en alto, demostrando que en nuestro país hay talento, disciplina y capacidad para competir al máximo nivel”

La categoría PRO no perdona errores. ¿En qué aspectos de tu preparación física y técnica has tenido que ser más riguroso para mantenerte competitivo frente a equipos oficiales de fábrica?
Más que todo, he tenido que enfocarme muchísimo en la preparación mental y física. En este nivel, especialmente en la categoría PRO, los detalles hacen una diferencia enorme y cualquier pequeño error puede costarte posiciones o incluso una carrera.
Dentro del auto competimos en condiciones extremadamente exigentes. Hay momentos en los que las temperaturas dentro de la cabina superan los 115 grados Fahrenheit, y cuando combinas ese calor con el desgaste físico de una carrera larga, la mente juega un papel fundamental. Cuando el cuerpo comienza a cansarse, es muy fácil perder concentración, cometer errores pequeños o simplemente bajar el rendimiento.
Por eso he trabajado muchísimo en mi resistencia física, preparación cardiovascular y fortaleza mental. Porque en este nivel, cuando estás fatigado, puedes llegar a perder hasta medio segundo por vuelta, y en el automovilismo eso representa muchísimo tiempo. Medio segundo por vuelta puede ser la diferencia entre pelear por un podio o terminar fuera de la pelea.
Al final, competir contra equipos oficiales y pilotos con muchísima experiencia te obliga a prepararte al máximo todos los días, no solo físicamente, sino también mentalmente, para poder mantenerte consistente y competitivo durante todo el fin de semana.
Tu participación está proyectando marcas dominicanas en un escenario global. ¿Cómo asumes tu rol como embajador de República Dominicana fuera de las pistas?
Para mí, representar a República Dominicana va mucho más allá de lo que pasa dentro de la pista. Cada viaje, cada carrera y cada encuentro con patrocinadores y fanáticos es una oportunidad para proyectar una imagen positiva de nuestro país a nivel internacional.
Asumo ese rol con muchísima responsabilidad y orgullo, porque entiendo que no solo estoy representando mi carrera personal, sino también a todas las marcas y empresas dominicanas que confían en mi trayectoria y a toda una nación que sueña con seguir creciendo. La verdad es que sin el apoyo de mis patrocinadores nada de esto hubiese sido posible. Son parte clave del éxito que hemos tenido y me siento muy agradecido y orgulloso de poder representarlos.
Poder llevar empresas y patrocinadores dominicanos a campeonatos internacionales tan importantes demuestra que en nuestro país hay talento, visión y capacidad para competir al más alto nivel, no solo en el deporte, sino también a nivel empresarial. Me llena de satisfacción ver cómo las marcas nacionales apoyan el deporte, porque al final el automovilismo es una herramienta muy poderosa para República Dominicana. Es una plataforma desde la cual podemos atraer turistas e inversionistas al país.
Fuera de las pistas trato siempre de transmitir profesionalismo, disciplina, humildad y una mentalidad positiva. Me llena de satisfacción saber que, de una forma u otra, estamos ayudando a abrir puertas y a hacer cada vez más visible nuestra bandera dentro del automovilismo internacional.
Al final, uno de mis mayores objetivos es que las nuevas generaciones dominicanas puedan sentirse identificadas y motivadas al ver que sí es posible soñar en grande y representar a nuestro país en escenarios de nivel mundial.
Más allá de los resultados, una de las cosas que más me llena es abrir camino para las nuevas generaciones. Que los jóvenes dominicanos que sueñan con llegar al automovilismo internacional puedan ver que sí es posible”

¿Cuál es el mensaje que buscas transmitir a la nueva generación de pilotos dominicanos que ven en ti la prueba de que sí es posible llegar a las grandes ligas del automovilismo mundial?
El mensaje que siempre trato de transmitirles es que sí es posible. Que no importa si vienes de un país pequeño o de un lugar donde el automovilismo no tiene las mismas oportunidades o estructuras que en otros países; con trabajo, disciplina, sacrificio y perseverancia, los sueños se pueden alcanzar.
Yo también empecé soñando con algún día competir en escenarios internacionales, y hoy poder representar a República Dominicana en campeonatos de este nivel me demuestra que los límites muchas veces están más en la mente que en la realidad. Claro que el camino no es fácil. Hay muchísimos sacrificios, momentos difíciles y obstáculos que superar, pero ahí es donde realmente se construyen las grandes historias.
También quiero que entiendan la importancia de prepararse no solo como pilotos, sino también como personas. La disciplina, la humildad, la mentalidad y la constancia son igual de importantes que el talento. Porque el talento te abre puertas, pero el trabajo y la actitud correcta son los que te mantienen creciendo.
Y si algo me llena de orgullo, es pensar que quizás todo este esfuerzo pueda servir para abrir caminos y motivar a las nuevas generaciones dominicanas a creer más en sí mismas. Mi mayor deseo es que en el futuro podamos ver cada vez más pilotos dominicanos compitiendo en las grandes ligas del automovilismo mundial y que, cuando se hable de talento latinoamericano, República Dominicana siempre esté presente en la conversación.
Después de la intensidad de un fin de semana de carrera, ¿cómo desconecta Jimmy Llibre? ¿Qué es lo que más extrañas de RD cuando estás en plena temporada?
Realmente, cuando paso más de dos semanas fuera de República Dominicana, ya comienzo a sentir esa desesperación y esas ganas de regresar a casa, porque sinceramente como mi país no hay otro. Uno aprende a valorar muchísimo más a su gente, su cultura y los pequeños momentos cuando pasa tanto tiempo viajando y compitiendo fuera.
Lo que más extraño definitivamente es mi familia y mis seres queridos. Este deporte, aunque tiene muchas cosas bonitas, también puede llegar a ser bastante solitario. Paso muchísimo tiempo lejos de casa, viajando, entrenando y compitiendo, y hay momentos en los que la distancia pesa bastante. A veces simplemente necesitas un abrazo, compartir tiempo con tu familia o sentir esa cercanía de las personas que amas, y al estar tan lejos, claro que hace falta.
Pero al mismo tiempo, en esos momentos también recuerdo el porqué de todo este esfuerzo. Recuerdo los sueños, las metas y todo lo que queremos lograr representando a nuestro país a nivel internacional. Y ahí es donde uno vuelve a encontrar fuerzas para seguir adelante, seguir trabajando y seguir luchando por todo aquello que soñamos desde pequeños.
Mirando hacia el resto del calendario de 2026, ¿cuál es el principal objetivo que te has trazado para cerrar el año dentro del podio final?
Primero que todo, ponerlo todo en manos de Papá Dios, creer en mí y demostrar el talento que Dios puso en mí. Lo demás llegará por sí solo.

Más allá de los resultados y los rankings, ¿qué legado te gustaría dejar para el automovilismo dominicano con esta nueva etapa de tu carrera?
Desde pequeño siempre sentí que Papá Dios me ha ido preparando para grandes metas. Constantemente me repito a mí mismo que quiero ser grande en la vida, no solo a nivel profesional, sino también como persona y como representante de mi país. Quiero dejar un legado importante para el automovilismo dominicano y demostrar que desde República Dominicana también pueden salir pilotos capaces de competir al más alto nivel mundial.
Más allá de los resultados o los trofeos, mi mayor deseo es abrir caminos y servir de inspiración para las nuevas generaciones. Que los jóvenes dominicanos puedan ver mi historia y entender que sí es posible soñar en grande, aun viniendo de un país pequeño dentro del automovilismo internacional.
Quiero que el día de mañana, cuando se hable del crecimiento del automovilismo dominicano, puedan decir que hubo una generación que ayudó a cambiar la mentalidad, a crear más oportunidades y a poner nuestra bandera en escenarios donde antes parecía imposible llegar.
Y si con todo este esfuerzo logro inspirar aunque sea a un niño o una niña a luchar por sus sueños, creer más en sí mismos y trabajar con disciplina y fe, entonces sentiré que todo el esfuerzo habrá valido la pena.

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