En la moda global hay momentos en los que el mapa cambia. Instantes en los que nuevas voces irrumpen en la conversación y obligan a la industria a mirar hacia otro lugar. Que un diseñador dominicano, criado en Brooklyn, cierre oficialmente el New York Fashion Week (una posición histórica mente reservada para nombres como Marc Jacobs o Tom Ford), ya sería suficiente para captar la atención de la industria. Pero lo que está ocurriendo con LUAR va más allá de un momento de visibilidad.

Raul López está redefiniendo la idea de lujo. Ganar dos veces el CFDA Accessory Designer of the Year, ser finalista del LVMH Prize (el único dominicano en lograrlo después de Oscar de la Renta) y ver su trabajo ingresar al Costume Institute del Metropolitan Museum of Art confirma que su propuesta ya forma parte de la conversación internacional de la moda.

Pero el verdadero punto de inflexión es cultural. La Ana Bag, nombrada así como un homenaje a su madre y a su abuela, se convirtió en una it bag global precisamente porque rompe con el molde tradicional del lujo. No nace de la distancia ni del elitismo, sino de la identidad, de la memoria familiar y “de la calle”.

A ese hito se suma ahora otro gesto de escala planetaria: diseñar el vestido de Lady Gaga para el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl 2026, una de las plataformas culturales más visibles del mundo.

LUAR se construyó desde una mirada migrante, caribeña y neoyorquina, que entiende la moda como lenguaje cultural. Sus colecciones no buscan consenso; construyen identidad y convierten el origen en su mayor fuerza creativa.

Y quizás por eso el momento que vive ahora Raúl López no se siente como un descubrimiento, sino como una inevitabilidad. Hoy todos hablan de él, no porque sea nuevo, sino porque como consecuencia de un discurso creativo tan disruptivo y bien construido como el suyo, se volvió imposible no escucharlo.

Fotos: Cortesía Luar/ Fuente externa

¿Qué significa para ti que tu alter ego se haya apoderado de la industria?

No lo veo como un alter ego que conquistó la industria. Lo veo como la versión más honesta de mí ocupando un espacio que siempre estuvo cerrado para gente como nosotros. LUAR no es un personaje, es mi verdad amplificada. Es el niño dominicano de Brooklyn, Nueva York, entrando a una conversación donde antes no había representación real. Si se “apoderó” fue porque ya era inevitable.

LUAR es tu nombre al revés. ¿Qué tan “opuesta” puede llegar a ser tu marca a ti… y en qué se parecen más de lo que admites?

LUAR parece más fuerte, más severa, más estructurada que yo… pero en realidad somos lo mismo. Yo soy sensible, pero firme. LUAR es vulnerable, pero estratégica. Mi marca es mi espejo invertido: lo que no siempre digo con palabras, lo digo con siluetas.

La Ana Bag lleva el nombre de tu madre y de tu abuela… ¿Sientes que esta cartera es una forma de cumplir ese destino que no se escribió en tu nombre, pero sí en tu obra?

La Ana Bag es un acto de honor. Es mi mamá, es mi abuela, es la mujer dominicana que sostiene generaciones sin reconocimiento. Que se haya convertido en un ícono global sin perder ese nombre tan íntimo lo significa todo para mí. Es mi forma de decir que lo que viene de casa también merece el mundo.

Otro punto a tomar en cuenta es que la cartera se convirtió en una it bag sin seguir las reglas clásicas del lujo. ¿Qué consideras que lo hizo posible?

La autenticidad. No fue diseñada para agradar al mercado, fue diseñada desde memoria y estructura. No seguí las reglas del lujo tradicional porque yo no vengo de ahí. Y tal vez por eso conectó. Cuando algo tiene identidad real, no necesita permiso.

¿Cómo te llegó la misión de diseñar el vestido de Lady Gaga para el medio tiempo del Super Bowl 2026?

Para este proyecto, me contactaron los estilistas de Gaga, Chloe y Chenelle Delgadillo. El diseño fue concebido como un homenaje a las mujeres caribeñas con las que crecí. El look se inspira en figuras icónicas afro-latinas y caribeñas como Yolanda Rivera, Celia Cruz, Las Chicas del Can, Áridia Ventura y Olga Tañón, junto con el lenguaje visual de los vestidos tradicionales de salsa caribeña, West Side Story y el glamour cine matográfico de Copacabana. Diseñado para el movimiento y la performance, el vestido existe entre la tradición y el espectáculo pop como una expresión cultural en movimiento.

¿Quién es Raúl cuando se apagan los reflectores?

Soy tranquilo, familiar, observador. Sigo siendo el mismo niño de casa, solo que con más responsabilidad.

¿Cómo llegas a la moda?

Llegué por intuición. Empiezo trabajando en el Downtown de Nueva York con mi primera marca HOOD BY AIR, entendiendo comunidad antes que industria. Aprendí que la moda es lenguaje, es política, es identidad. LUAR nace desde ahí, desde la calle, no desde una oficina corporativa.

¿Cómo definirías la nueva esencia dominicana hoy y cómo lo dice tu ropa?

La nueva dominicanidad es global, sofisticada,orgullosa y sin complejos. Ya no pedimos espacio, lo ocupamos. En mi ropa hay estructura, hay presencia, hay orgullo caribeño sin caricatura. No exotizo mis raíces, las elevo.

Cuando diseñas una colección, ¿qué aparece primero?

Una emoción. Luego una imagen muy clara. Después construyo la silueta como arquitectura emocional.

¿Cómo sabes cuándo una pieza “es LUAR”?

Cuando tiene tensión. Cuando no es obvia. Cuando incomoda un poco, pero se siente honesta. Si es demasiado complaciente, no es LUAR.

Tus colecciones no buscan agradar a todos. ¿Qué tan importante es incomodar para ti?

Es esencial. El crecimiento cultural viene de la incomodidad. No diseño para consenso, diseño para conversación.

Del underground al reconocimiento institucional. ¿Qué ha sido lo más difícil de proteger?

Mi voz ha sido lo más difícil de proteger. Es fácil que te quieran moldear cuando empiezas a ganar visibilidad. Proteger mi discurso como diseñador dominicano, latino, neoyorquino, ha sido lo más importante.

Cuando LUAR es reconocida por lo Latin American Fashion Awards… ¿Qué sientes?

Siento que se honra el origen. Ese reconocimiento no es solo mío, es de mi comunidad. Pero también señala hacia dónde va la moda latina: hacia liderazgo, no hacía tendencia pasajera.

¿Hay algo que aún no te has permitido diseñar?

Sí. Y lo estoy guardando estratégicamente. No todo se revela cuando el mercado lo pide. Algunas cosas necesitan tiempo.

Tu marca refleja mucha fuerza, ¿Dónde guardas la emoción?

La emoción está en el proceso, no siempre en el resultado final. Soy más sentimental de lo que parece, pero lo traduzco en estructura.

¿Qué conversación quieres iniciar en los próximos años?

Quiero hablar de poder latino dentro del lujo global sin pedir validación. Quiero que nuestra presencia sea estructural, no simbólica.

¿Quién eras de niño y cuál era tu mayor sueño?

Fui un niño creativo, observador, muy conectado con las mujeres de mi vida. Soñaba con hacer algo grande, aunque no sabía exactamente qué era. Sabía que quería crear un universo propio.

Un sueño creativo pendiente…

Construir un espacio físico permanente para LUAR en Nueva York, que funcione como atelier, galería y plata forma cultural para creativos latinos.

En 10 años. ¿Qué te gustaría que fuera imposible borrar de esa respuesta?

Que LUAR cambió la conversación. Que un diseñador dominicano, hijo de inmigrantes, desde Nueva York, redefinió cómo se ve el lujo cuando viene de nuestra comunidad. Que no fue tendencia. Fue estructura. Fue historia.

IG: @luar @raullopez

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