Crystal Jiménez
La talentosa actriz vuelve a las tablas con la obra teatral “La verdad”
Entre el mundo digital y el escenario, su trayectoria ha demostrado que la creatividad no tiene un solo camino. Tras más de una década construyendo una sólida comunidad en redes sociales, Crystal Jiménez regresa a uno de los espacios que siempre ha formado parte de su esencia: el teatro.
En esta conversación comparte cómo ha sido volver a las tablas en la tercera temporada de la producción teatral La verdad, su proceso para dar vida al personaje de Laura y lo que ha significado integrarse a un elenco de primer nivel junto a Nashla Bogaert, Frank Perozo y David Maler.
La cofundadora de Luna Colada también reflexiona sobre la disciplina del oficio actoral, los desafíos de equilibrar la vida personal con la profesional y la pasión que le despierta el escenario.

Has construido una comunidad sólida en el mundo digital por más de una década. ¿En qué momento sentiste que era hora de cambiar el “clic” de la cámara por el aplauso en vivo en la Sala Máximo Avilés Blonda?
Nunca sentí que estaba cambiando una cosa por otra. Más bien estoy volviendo al teatro, que siempre ha sido una parte importante de mí. Durante mucho tiempo, especialmente cuando llegó la maternidad, sentí que la pausa que hice significaba que mi camino tenía que ser de una sola vía: que ahora era esto o era aquello. Pero con los años he entendido que no tenemos que ser una sola cosa.
Tengo una tía que siempre dice algo que me encanta: que el ser humano no es una sola cosa, que todos tenemos distintas pasiones. Y lo bonito de la vida —y también del arte— es poder conjugar todas esas partes en un mismo camino.
También entendí algo importante: todo tiene su tiempo. Hubo una etapa en la que yo sabía que no podía dedicarle al teatro el tiempo y la entrega que realmente merece. Pero hoy siento que manejo mejor mi tiempo y que puedo intentar que todas esas cosas que me apasionan —ser mamá, trabajar en Luna Colada, crear contenido y ahora volver al teatro— convivan dentro de la vida que tengo hoy.
Te integras a un elenco muy cohesionado junto a Nashla Bogaert, Frank Perozo y David Maler. ¿Cómo fue ese primer día de lectura de guion y qué dinámica se creó para que te sintieras parte orgánica de este cuarteto?
Mi primera lectura del guion realmente fue sola cuando José Ramón productor General me envío el guion, y luego mis primeros ensayos fueron con Pepe, que me preparó para llegar lo más lista posible a integrarme a un elenco que ya va por su tercera temporada con esta obra. Ellos no solo se conocen de otros proyectos, sino que tienen una sinergia impresionante, tanto socialmente como en escena.
Debo decir que mi entrada a ese cuarteto fue un poco de la mano de Frank, porque las escenas que tengo en la obra son con él. Y fue increíble, porque así como Frank es de natural, así mismo recibió la Laura que yo podía entregarle en ese momento. Él reaccionó a esa Laura que yo estaba construyendo, entendiendo que, aunque el guion sea el mismo, cada actriz habita el personaje de una forma distinta.
Cuando luego se integraron Nashla y David, honestamente sentí que estaba entrando todos los días a una especie de masterclass. Es un privilegio verlos trabajar, observar su disciplina, cómo ensayan, cómo prueban cosas nuevas, cómo vuelven a intentar y cómo mantienen la escena viva y fresca.
La verdad es que el proceso ha sido tan gratificante que, en muchos sentidos, ya se siente como un regalo incluso antes del estreno.
Creo que este proyecto me ha recordado algo muy importante: que la verdad en el arte no se puede fingir».



Trabajar bajo la dirección de uno de los actores más respetados del país debe ser una escuela intensiva. ¿Cuál ha sido la lección más desafiante que Pepe Sierra te ha dado durante los ensayos para esta tercera temporada?
He aprendido muchísimo de Pepe. Mis ensayos con él fueron muy profundos porque tuvimos el tiempo de entrar realmente en el mundo interior de Laura. Algo que me encantaba de su manera de dirigir es cómo siempre trataba de hacerme entender la situación del personaje desde la empatía, casi como si yo tuviera que defenderla. Pepe constantemente me llevaba a preguntarme: ¿por qué Laura actúa así?, ¿qué está sintiendo realmente?
Entonces, aunque estábamos montando una obra, muchas veces terminábamos yendo a la vida real, recordando momentos o situaciones donde uno pudo haber sentido algo parecido. Y creo que no es ningún secreto para los actores que cuando uno toca fibras de su propia vida, aparecen emociones muy verdaderas que luego uno puede llevar a escena.
Eso también es lo desafiante, porque estamos trabajando con algo muy real. Y creo que de ahí viene algo que Pepe muchas veces me decía: que veía en mí una mirada “detrás del ojo”, que no viene de afuera, sino de algo que uno está sacando desde lo más profundo.
¿Cómo ha sido el proceso de encontrar tu propia voz para el personaje de Laura, considerando que es una pieza que regresa con energía renovada al Palacio de Bellas Artes?
Creo que empecé a encontrar la voz de Laura en el momento en que solté una presión silenciosa que sentía: la de encarnar un personaje que ya había sido interpretado de manera tan exitosa por Honey Estrella y Pamela Sued.
Al principio sentía ese peso, porque no solo estaba regresando al teatro, sino también entrando a un elenco que ya tenía su dinámica y retomando un personaje que el público ya conocía. Pero el momento en que hice las paces con la idea de que mi Laura no iba a ser la misma Laura que antes, todo cambió. Entendí que, aunque el guion es el mismo y las palabras son las mismas, Laura ahora iba a hablar desde mi propia verdad y ahí sentí una especie de liberación.
Es un poco como en la vida: cuando uno trata de ser como otro, nunca funciona del todo. Pero cuando eres tú, ahí es donde realmente aparecen las cosas más auténticas. Y fue desde ese lugar que finalmente encontré a Laura.
La obra cuenta con un equipo de primera en escenografía (Fidel López) y vestuario (Yelayny Placencia). ¿Cómo te ayudaron el entorno físico y el vestuario a terminar de “encontrar” a tu personaje?
A mí me encanta trabajar la parte física de los personajes, y el vestuario es una herramienta muy importante para eso. Me gusta involucrarme en cómo se viste el personaje, cómo usa la ropa e incluso cómo se mueve con ella. Trabajar con Yelayny Placencia fue maravilloso. Es una persona sumamente dulce, abierta y muy talentosa. Desde el principio me dio la base del aura del personaje y, a partir de ahí, me permitió agregar también mis propios toques para terminar de construir a Laura.
Y por otro lado, trabajar con Fidel López, que ha creado algunas de las escenografías más espectaculares de los últimos años, ha sido increíble. Los espacios que él diseña realmente nos ayudan a habitar el mundo del personaje y a sumergirnos en la historia de una forma muy natural.
Esta obra es una producción muy demandante y de gran envergadura, y eso se siente en el cuidado de cada detalle. Hay un equipo enorme trabajando detrás de escena, liderado por BouGroup como casa productora.
Volver al teatro siempre es algo muy especial para mí».


La obra explora dilemas humanos sobre la honestidad y las contradicciones sociales. En un mundo de redes sociales donde la “perfección” parece ser la norma, ¿cómo resuena en ti el mensaje de Florian Zeller?
Me encanta esta pregunta porque, leyendo el guion, me di cuenta de que Florian Zeller utiliza mucho el sarcasmo y crea momentos donde los personajes casi opinan sobre algo que ellos mismos están haciendo mal. Y eso, para mí, tiene un paralelismo muy fuerte con la vida real. Hoy en día vemos mucho esa incoherencia humana: a veces somos una cosa, pero predicamos otra.
Eso es exactamente lo que pasa en la obra. Cada personaje tiene muy clara su idea de lo que está bien o mal, y la defiende como si estuviera actuando correctamente… cuando en realidad está haciendo todo lo contrario. Por supuesto, para el público es muy jocoso verlo, porque la contradicción es evidente. Pero cuando estás interpretando el personaje o leyendo las líneas, te surge ese momento de asombro: ¿cómo esta persona puede hablarme de verdad o de mentira cuando ella misma está mintiendo?
Y ahí es donde la obra se vuelve muy interesante, porque termina siendo un espejo. Nos hace preguntarnos cuántas veces en la vida opinamos sobre algo que nosotros mismos no estamos haciendo bien.
Has mencionado que “hay verdades que solo pueden ser alcanzadas a través del arte”. ¿Cuál es esa “verdad” particular que este proyecto te ha permitido descubrir sobre ti misma como artista?
Creo que este proyecto me ha recordado algo muy importante: que la verdad en el arte no se puede fingir.
En el teatro no hay filtros, no hay edición, no hay forma de esconderse. O estás realmente conectado con lo que estás diciendo y sintiendo, o el público lo percibe inmediatamente. Trabajando este personaje entendí también que dentro de un mismo sentimiento existen muchas maneras de vivirlo. Dos personas pueden estar atravesando lo mismo y sentirlo de formas completamente distintas.
Por eso creo que la verdad no hay que actuarla. Cuando realmente la sientes, se ve. Y es ahí donde el actor se vuelve transparente.



La obra busca hacer reír, pero también incomodar al público. ¿Cómo manejas esa dualidad en escena, sabiendo que el cierre del telón es solo el inicio de la conversación?
Para mí, como actriz, la clave está en que lo que está pasando en escena no puede ser cómico. Nada de lo que le ocurre a mi personaje le da risa.
La comedia, en realidad, la vive el público. El que está mirando desde afuera se ríe de la situación, pero el personaje que la está atravesando no la está pasando bien.
De hecho, al principio de los ensayos era difícil no reírse. Me pasaba mucho con Frank: el guion es muy ingenioso y las situaciones son tan absurdas que me daba risa todo. Pero una vez empiezas a adentrarte en el personaje y entiendes que eso te está pasando a ti, se vuelve casi imposible verlo como algo cómico.
Siempre es un reto trabajar con público, porque somos humanos y cualquier reacción inesperada puede sacarte un poco de tu centro. Pero mientras yo me mantenga aferrada a la verdad del personaje —a que esto realmente me está pasando a mí— el público puede reírse todo lo que quiera. Para Laura seguirá siendo una situación muy seria y muy difícil de atravesar.
Como cofundadora de Luna Colada y empresaria, ¿cómo has logrado integrar las intensas jornadas de ensayos de esta producción con tu vida personal?
Primero que todo, volver al teatro siempre es algo muy especial para mí. Y en este caso además estoy muy agradecida con BouGroup, que fueron quienes pensaron en mí para este retorno al escenario con este proyecto y confiaron en mi capacidad como actriz para asumir este rol.
La clave para poder integrar los ensayos con mi vida ha sido la organización. Desde el principio le dije a Pepe: “Yo doy mi 100%, lo único que necesito es trabajarlo de forma organizada”. Hoy tengo muchos roles: mi tiempo como mamá, mi vida en casa, mi tiempo con mi pareja, mis hijos, mi trabajo con Luna Colada junto a mi mamá y mi hermana… y para que todo eso pueda convivir, la organización siempre ha sido fundamental.
Con los años he entendido que el día sigue teniendo las mismas 24 horas. Siempre las ha tenido y siempre las tendrá. Lo único que cambia es cómo decidimos administrarlas. A veces me relajan mucho con el tema de lo organizada que soy, pero la verdad es que es la única manera que he encontrado para poder hacerlo todo. Es casi como convertirme en un pequeño pulpo, un poco como lo fue mi mamá para mí. No todos los días salen perfectos, pero cuando uno respeta los tiempos que necesita cada cosa, realmente se puede lograr.

IG: @crystalitos
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