Heredar un legado y elevarlo para compartirlo con el mundo es un acto de visión, disciplina y profundo respeto. Cuando la innovación dialoga con la tradición, la narrativa cambia de forma, se expande y encuentra nuevos territorios. Hoy, Jenny Polanco escribe uno de los capítulos más trascendentales de su historia: su llegada a Miami, un paso que consolida su presencia internacional y reafirma la fuerza estética del Caribe contemporáneo. Al frente de este momento decisivo, está Carla Quiñones, la heredera creativa y estratégica que, con orgullo, sensibilidad y una admirable claridad de propósito, continúa la misión que ha acompañado gran parte de su vida: elevar la moda dominicana y proyectarla al lugar que merece en el mundo.

Jenny Polanco llegó recientemente a Miami. ¿Qué significa para ti ser la autora de este importante hito para la marca?
Soy fiel ejecutora de los planes que construimos con mi madre. Elegir Coral Gables como punto de partida fue estratégico y está relacionado al concepto de legado histórico, herencia con identidad. Este hito es un paso grande para el posicionamiento internacional de una marca de legado como Jenny Polanco, deja una huella para las nuevas generaciones y confirma que lo hecho en República Dominicana tiene calidad mundial y puede competir en cualquier mercado. Para mí, el verdadero logro es la aceptación, el respeto y el reconocimiento de 45 años de trabajo constante. Es ver cómo una visión construida con disciplina, pasión y autenticidad encuentra espacio en un mercado tan dinámico como el de Miami. Este hito no es un destino final, sino el resultado de un proceso: de un plan estratégico bien pensado, de un equipo comprometido y del deseo profundo de honrar el legado de mi madre llevando su estética caribeña a nuevas audiencias.
¿Cómo equilibras preservar la visión de tu madre con adaptar la marca a tus propias ideas?
Cuando comencé a trabajar en el patrimonio familiar, tuve muy claro que mi rol era ejecutar una visión que habíamos construido y soñado juntas. Mi madre asumió plenamente su papel como directora creativa, lo que le permitió profundizar en la investigación del diseño y la gestión cultural, mientras yo tomaba la responsabilidad de la parte ejecutiva y operativa. Mi visión va en continuidad con la suya, pero también incorpora una lectura más contemporánea del negocio y del entorno en el que nos movemos hoy. Preservar su legado es el reto primordial en el proceso de trascender; implica respetar los valores fundamentales de la marca -lo hecho a mano, la calidad, la feminidad caribeña, la artesanía dominicana y la autenticidad-, pero también adaptarlos a nuevas dinámicas, mercados y generaciones. El crecimiento surge de entender que la visión de mi madre es la base sólida sobre la que puedo construir mi camino y dejar espacio a los que me siguen. Mi compromiso es honrar esa esencia mientras evoluciono la marca, manteniendo siempre vivo el espíritu que ella sembró.
¿Qué parte de liderar un equipo creativo y administrativo ha sido la más desafiante para ti y por qué?
Liderar un equipo creativo y administrativo me ha retado a comprender a profundidad el rol de cada persona y su importancia dentro de la cadena de valor para poder guiarlos a ser la mejor versión de sí mismos. En mi caso, dirijo seres humanos con una capacidad de transformar la creatividad en soluciones para todo tipo de retos, desde asuntos financieros hasta desafíos operativos o logísticos. Mi reto mayor ha sido crecer la estructura de la empresa: pasamos de 24 personas a 52, ahora con un equipo creativo, un equipo de marketing, un equipo administrativo, un equipo de ventas, un equipo de producción y un taller adicional de oficio en piel, todo dentro de la misma empresa.
Preservar el legado de mi madre no es un acto de memoria, sino de visión: honrar su esencia mientras evoluciono la marca hacia el futuro”

La talentosa Carolina Socías es la directora creativa de la marca. ¿Cómo ha sido ver la moda a través de sus ojos y crear juntas piezas memorables?
Detrás de la marca existe un equipo creativo de enorme capacidad y talento. De alguna manera, la visión que mi madre estableció nos sirve como eje transversal que sigue guiando todas nuestras creaciones. Más que una identidad clara, es una filosofía: cada diseñador crea a través de los conceptos de Jenny, pero siempre aportando su propia interpretación del sentir de la mujer caribeña. Junto a Carolina, hemos logrado transmitir esos conceptos fundamentales a los nuevos integrantes del equipo. Esto ha fortalecido aún más la idea de que construir una marca es un trabajo multidisciplinario, donde la comunicación abierta permite que todo aporte sea valioso, aunque no necesariamente todo llegue a materializarse. Nuestras dinámicas son participativas, con un enfoque casi antropológico. Analizamos profundamente lo social, lo emocional, la evolución de la mujer y el rol cultural que tiene la moda. Con el tiempo hemos desarrollado un “sexto sentido” creativo que nos recuerda la responsabilidad transformadora que esta industria puede tener en la sociedad, supere sus propios retos y se esfuerce por hacer lo mejor posible dentro de su nicho diferenciador. Somos un mercado pequeño, con un potencial cultural inmenso. Mi madre abrió un camino importante para muchos, pero todavía queda muchísimo por hacer. La inversión necesaria para desarrollar una marca es grande; existen pocas oportunidades de formación técnica para los jóvenes. Una patronista, por ejemplo, no se forma sin años de práctica constante. El escenario que estoy construyendo para la marca y para el Grupo Polanco es uno en el que seamos catalizadores y generadores de nuevas sinergias dentro de la industria: un puente entre tradición, técnica y contemporaneidad. Aspiramos a convertirnos en un ejemplo de cómo hacer las cosas bien, con ética, con estética y con visión de futuro, contribuyendo al mismo tiempo a la formación y al desarrollo de las nuevas generaciones de creativos y artesanos.
¿Cuál fue el consejo más inesperado que te dio tu madre sobre su negocio, algo que aún no hayas compartido públicamente?
Mi madre siempre decía que todo proceso creativo requiere nutrirse de la cultura, que la creatividad no es un momento aislado, sino la forma en que haces todo. Ella me inculcó un profundo respeto y admiración por los artistas, artesanos y diseñadores: por quienes crean con sus manos y se expresan a través de su oficio. Gracias a ese legado, aprendí a ver belleza en los detalles más simples, a ser genuina en mi apreciación por la vida y a entender el valor del proceso.
Nos llena de orgullo aportar a la nueva generación de artesanos”

¿Qué legado personal te gustaría construir, además del que ya heredas de tu madre?
La industria de la moda y los espacios de lujo a nivel global llevan años consolidándose en grupos empresariales fuertes, pero en República Dominicana aún no se ha desarrollado ese tipo de portafolio ni de oportunidades. Nuestra moda sigue siendo, en gran medida, una industria fragmentada, compuesta por diseñadores independientes o pequeñas empresas familiares que muchas veces operan en la informalidad, lo que dificulta su capacidad de escalar hacia mercados internacionales. Sin embargo, esto está empezando a cambiar. Existe una nueva generación de empresarios de la moda que está impulsando una transformación real, apostando por modelos más estructurados, colaborativos y sostenibles. Mi legado personal, además del que heredo de mi madre, es contribuir a esa evolución. Mi visión con Grupo Polanco es convertirlo en un catalizador para este cambio: un ecosistema de marcas icónicas que compartan valores fundamentales, pero que a la vez sean profundamente independientes en su identidad, su narrativa y su propuesta estética.
¿Cómo te imaginas la marca Jenny Polanco dentro de 10 o 20 años?
En 10 o 20 años imagino la marca Jenny Polanco consolidada como una casa creativa caribeña reconocida globalmente, con una identidad aún más depurada y un portafolio de productos que sigan celebrando la elegancia, la artesanía y la autenticidad que definieron a mi madre. Aspiro a que la marca siga siendo referente de cómo se puede hacer moda con propósito, con una cadena de valor responsable y con un compromiso real hacia los artesanos y las comunidades creativas de la región. Quiero dejar como legado un modelo de negocio que demuestre que desde República Dominicana podemos construir una industria sólida, profesionalizada y con alcance global; un espacio donde la creatividad, la artesanía y la estrategia convivan para abrir caminos a las futuras generaciones.
Miami confirma algo que siempre supimos: la estética caribeña tiene un lugar innegable en la moda global”

IG: @carlaquinonespolanco @jennypolanco
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