Bien dicen que el mundo pertenece a los apasionados y a quienes se atreven, y al conocer personalmente a Aneley Cáceres, lo confirmé una vez más. En ella hay dos rasgos fáciles de percibir: su espíritu entusiasta y su profunda pasión por el mundo del vino, que forma parte de su ADN. No por casualidad es la fundadora de la casa de vinos que está happening en Santo Domingo: Verema 23, un proyecto que está transformando la manera en que el público local descubre y disfruta esta popular cultura. Conversar con Aneley es entender cómo la pasión, cuando se cultiva con disciplina y valentía, puede convertirse en un camino lleno de propósito.

Verema 23 es tu proyecto estrella. ¿En qué momento surgió la idea de crear un espacio como este en Santo Domingo?

No fue una decisión directa. Venía gestándose en mí desde hace tiempo porque notaba la falta de un espacio objetivo, un oasis del vino, donde quien quisiera explorar pudiera degustar diferentes estilos: uvas, regiones, distribuidores… y todo bajo una misma casa. Sentí la necesidad de crear esa “biblioteca líquida” para seguir estudiando, aprendiendo y compartiendo.

Con la llegada de Verema 23, los amantes del vino han encontrado un espacio de disfrute a otro nivel. ¿Cómo fue el proceso de crea ción y cuánto tiempo tomó?

Pensé que me tomaría tres meses, pero al final me tomó casi un año. El proceso fue natural: nada rígido, no hubo una línea de tiempo estricta. Dejamos que las cosas fluyeran, que una idea derivara en otra. Por eso, todo terminó siendo un conjunto de sentimientos, no un proyecto estructurado. Verema 23 es un alma puesta en cada rincón, más que un plan con fechas específicas.

¿Cuáles han sido los mayores retos de materializar esta idea y cómo los has enfrentado?

Han sido muchos, desde la ejecución estructural hasta el entrenamiento del equipo. Nuestro país es grandioso en hospitalidad, pero todavía falta profundizar en el conocimiento del vino. He tenido la fortuna de contar con un equipo increíble, abierto y entusiasta por aprender. Transmitir enseñanzas día a día ha sido el reto más grande, pero también el más valioso.

Creo que lanzarme en un mundo que ya tiene un camino hecho y venir con algo nuevo me obligó a crecer. Me hizo ponerme los pantalones y ha ensanchado mi valentía”

¿Y tus mayores satisfacciones hasta el momento?

Definitivamente, el equipo. Yo no sería nada sin este grupo que cada día busca superarse: desde cocina, limpieza, seguridad y valet parking hasta sommeliers y camareros. La satisfacción y el compromiso de seguir mejorando siempre van a estar ligados a ellos.

¿De qué manera Verema 23 te ha impulsado a evolucionar profesionalmente?

Me ha impulsado en todos los sentidos. He superado miedos y enfrentado limitaciones que me imponía yo misma. Entrar en un mundo que ya tenía su camino hecho y traer algo nuevo me obligó a crecer. Me hizo ponerme los pantalones y ensanchó mi valentía. Ha sido una evolución exponencial tanto en lo profesional como en lo personal.

Eres considerada una de las profesionales con más preparación en tu rubro. ¿Qué es lo que más disfrutas de ser sommelier?

Más que un elogio, lo veo como una gran responsabilidad. Es, definitivamente, algo que me impulsa a seguir estudiando cada día. Lo que más disfruto es la interacción con los clientes y la parte académica: compartir conocimientos con quienes desean aprender. El vino no es solo una copa; es historia, agricultura, geología, geografía, mano de obra y amor. Convertir algo tan pequeño en algo tan grandioso es lo que más me llena.

¿Cómo ha cambiado tu visión de la industria del vino en República Dominicana el hecho de estar al frente de tu propia casa de vinos?

Aunque Verema 23 aún es joven, he descubierto algo valioso. Antes se decía que “al dominicano solo le gusta un tipo de vino”, pero he comprobado que eso no es cierto. El dominicano es curioso, abierto a explorar y a probar cosas nuevas. Me encanta ver cómo los clientes llegan, descubren y luego regresan con amigos para que vivan la misma experiencia.

¿Cómo ves el futuro de la industria del vino en el país?

Soy optimista. La curiosidad del consumidor, los eventos y el auge de la hotelería y la gastronomía están posicionando al país como un destino de lujo y experiencias, más allá del concepto del “todo incluido”. El futuro del vino en República Dominicana requiere trabajo, aprendizaje y compromiso, pero el panorama es muy prometedor.

El vino no es solo una copa; es historia, agricultura, geología, geografía, mano de obra y amor”

IG: @aneleycaceres @verema23

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