Este nuevo episodio de nuestra serie editorial What’s Next nos invita a descubrir la historia de un creativo inquieto, nacido en Santiago. En Barcelona emprendió Let’s Drunch, un proyecto innovador que transformaba espacios de diseño en restaurantes efímeros por una noche, combinando gastronomía, diseño y experiencias curatoriales. Fue el punto de partida de su trayectoria internacional.

Tras conquistar la capital catalana con esta maravillosa idea, Rodolfo regresa al Caribe para escribir un nuevo capítulo con Salomé 104. Ubicado en el corazón de la Zona Colonial, este espacio se convierte en escenario de su evolución creativa. Nos recibe entre paredes cargadas de intención para hablar de esta etapa, de su visión y de todo lo que viene después.

En una época donde lo extranjero dictaba las tendencias, tú decidiste regresar y diseñar desde lo local. ¿En que momento entendiste que lo nuestro también podía ser sinónimo de sofisticación?

Cuando empecé a venir a República Dominicana después de la pandemia, vi mucho talento local con productos de gran calidad que necesitaban mayor exposición. A partir de ese momento, comencé a pensar en regresar, en hacer colaboraciones y decidí poner un pie aquí. Desde entonces, todos mis proyectos involucran a nuevos diseñadores locales que se suman a mis ideas y me permiten presentar otros talentos.

Let’s Drunch, tu agencia de experiencias boutique, es tu proyecto estrella. ¿Cómo ha sido este proceso de maduración como emprendedor?

El proceso de Let’s Drunch ha sido súper lindo y bastante orgánico. En los casi 15 años que tiene, empezó con una cena en Barcelona que reunía a personas de diferentes backgrounds en espacios de diseño que yo seleccionaba. Luego se convirtió en una productora de eventos —hacía esas cenas y otras para distintos clientes— y con el tiempo, la propuesta se expandió a distintas ciudades de Europa y América.

Se ha ido transformando, y yo también me he ido adaptando y aprendiendo del proceso. Ahora tengo un pie aquí, otro en España y eventos en Italia. Ha sido un florecimiento continuo del que sigo aprendiendo, y eso, al final, va muy conectado con el ser emprendedor.

¿Qué habilidades empresariales te ha permitido desarrollar estar a la cabeza de un proyecto como Let’s Drunch?

He aprendido muchas habilidades empresariales. Soy arquitecto y luego estudié diseño de interiores, pero Let’s Drunch me ha dado capacidades personales que no provienen del diseño: el trato con personas, asistentes, proveedores y creativos. También la parte económica, porque los creativos solemos tener cierto choque con los números. Aprendí a ajustar presupuestos sin perder calidad ni satisfacción. Además, está el marketing: un producto puede ser precioso, pero si no sabes venderlo o comunicarlo, no llega.

Casa Salomé 104 ha dejado de ser solo un espacio físico para convertirse en una casa de experiencias. ¿Cómo defines este laboratorio creativo donde todo puede pasar —desde una cena íntima hasta una instalación artística— (y donde, además, vives)?

Desde el principio supe que quería estar en la Zona Colonial, por ese aire europeo y su dinamismo. Soñaba con un espacio en blanco, con una planta baja abierta y un segundo piso más privado. Después de visitar muchas casas, encontré esta joya. Salomé 104 es un canvas en blanco donde conecto con otros talentos y también logro que ellos se conecten entre sí a través de experiencias. Me gusta saludar a los vecinos, sentirme parte de la comunidad. Hoy, Salomé es más de lo que imaginé, por todo lo que ha florecido dentro de sus muros.

Salomé no solo es Salomé; Salomé también es Ciudad Colonial, y eso para mí es importante.”

Ya muchos te llaman el “vecino que transformó la calle”. ¿Qué significa para ti este impacto y cómo lo integras a tu visión de ciudad?

La Ciudad Colonial es como un pequeño barrio donde todos se conocen, y me parecía curioso que muchos no se conocieran entre sí. Creé un grupo de WhatsApp para conectarlos y, desde entonces, se han generado muchas sinergias. Sé que se habla de los eventos que hago, para bien o para mal, pero cuando se acercan y ven que son experiencias que aportan al barrio, lo entienden. Intento que mis eventos “salpiquen” la zona: que la gente venga a comer, camine y comparta. Vivir la ciudad también es eso.

Muchos visitantes internacionales se sorprenden con la calidad del diseño y la creatividad local. ¿Qué nos falta para creérnoslo más como país?

Hay muchísimo talento local. Creo que necesitamos salir, ver otros mercados y entender cómo optimizar lo nuestro para competir. A veces, por ser una isla, miramos demasiado hacia afuera sin reconocer lo nuestro. Pero si logramos mirar ambos lados —afuera y adentro—, entenderemos que estamos al mismo nivel y, si no lo estamos, sabremos cómo llegar.

Has trabajado con gastronomía, arquitectura, moda, diseño… ¿Qué disciplina aún no has explorado y te intriga sumar a una próxima experiencia?

Todas las disciplinas que trabajo se conectan. La gastronomía la abordo desde el diseño; los espacios, desde la arquitectura. Pero, últimamente, me atrae el turismo: vivo entre ciudades turísticas, organizo eventos de destino y colaboro en propuestas que promueven un turismo consciente. Siento que es una nueva puerta que se está abriendo.

¿Emprender siempre estuvo en tus planes o surgió en España?

Siempre fui emprendedor. En el colegio organizaba fiestas; en la universidad tenía una agencia de música electrónica en Santiago llamada Northern Electronic Community. Luego trabajé tres años en un estudio de arquitectura hasta independizarme. En Barcelona, al no conseguir empleo, creé Let’s Drunch. Desde entonces, no he parado.

¿Cómo fue conceptualizada y con qué frecuencia se realiza?

A La Bodega Salomé le dimos forma el año pasado. Nació con la intención de reunir a las personas alrededor de una mesa, pero esta vez girando en torno a los vinos naturales y la cocina de autor dominicana. A esto se suma una curaduría musical liderada por el creativo y DJ Marc Córdoba, quien definió cómo “suena” Salomé: jazz, funk, latin, ritmos africanos y caribeños. La experiencia se celebra una vez al mes, para 30 personas, con un menú maridaje de cinco tiempos. Se ha convertido en una especie de club: la gente repite, vuelve con amigos, y eso confirma que la idea funciona. La Bodega Salomé es una experiencia excepcional que ya goza de gran aceptación.

Para el éxito de este tipo de proyectos se necesita un equipo comprometido. ¿Cómo te ha sumado la experiencia de reunir bajo tu sello otros talentos?

Let’s Drunch es una agencia de diseño que crea experiencias. Cada proyecto necesita de otros creativos que completen la visión inicial. Me encanta invitar a personas cuyo trabajo admiro, y he tenido la suerte de colaborar con gente apasionada, tanto aquí como fuera. Cuando se trabaja desde la pasión, la energía fluye y todo sale bien, incluso bajo presión.

Casa de las Vistas, en Santiago, ha florecido como una pequeña sucursal de Let’s Drunch en tu tierra. ¿Qué representa para ti?

Casa de las Vistas es especial porque fue la casa de mi familia, donde crecí. Decidí abrirla como proyecto después de volver de España. Tiene una experiencia insignia: el sancocho en leña, cocinado al fogón por una señora del lugar, para grupos de 15 a 80 personas. El espacio también se alquila para eventos o estancias. Es una casa tropical, llena de orquídeas y palmas, un reflejo fiel de mi familia. Siempre fue una casa de celebraciones; ahora simplemente la compartimos con el mundo.

Cada vez que puedes promover el producto local, lo haces. ¿Qué tan importante es para ti que lo dominicano resalte?

Para mí es vital. Pasé muchos años siendo “el único dominicano” en varios entornos, y eso me impulsó a tener presencia. Hay productos dominicanos con estándares internacionales; solo falta mejor marketing. En mi casa todo es dominicano: flores, materiales, esencia. Quiero mostrar un nuevo rostro del país, el de un dominicano contemporáneo que inspira.

¿Cuál crees que es el factor diferenciador que te dio un espacio en tu industria?

Haber llegado a España y crear una marca que se comunicaba en inglés para un mercado internacional fue clave. Let’s Drunch nació como un concepto innovador: espacios de diseño transformados en restaurantes por una noche. En República Dominicana, creo que mi sencillez y franqueza también me han ayudado; quien llega a mí sabe lo que hago. No pago publicidad, trabajo por referencias.

Esto de crear experiencias suena a un engranaje muy bien pensado. ¿Qué desafíos te ha tocado enfrentar y cómo los manejas?

El mayor reto ha sido coordinar equipos en distintos países, horarios e idiomas. Pero el desafío constante es materializar ideas con presupuestos reales, sin perder la esencia. Llegar a ese punto intermedio entre el sueño y la viabilidad es todo un arte.

En estos días te hemos visto al frente de proyectos de interiorismo en la Ciudad Corazón. ¿Qué opinión te merece el avance de la industria en la Zona Norte del país?

Santiago está viviendo un momento bellísimo: nuevos hoteles, proyectos comerciales y el aeropuerto. Hay un renacimiento en el Cibao. He tenido la suerte de participar en varios proyectos residenciales y comerciales, y me alegra ver cómo mi ciudad está floreciendo con tanta fuerza.

¿Cuál es esa experiencia que aún no has diseñado y te gustaría regalarle al país y al mundo?

Tengo dos ideas: una experiencia que combine ron y jazz, y otra que conecte talentos españoles y dominicanos en eventos que giren en torno al arte, la música, la gastronomía y el diseño.

¿What’s Next para Rodolfo Madera?

Vienen proyectos muy emocionantes: eventos de destino en Cabrera, Florencia y Punta Cana, además de otros a largo plazo. ¡Se vienen cositas!

IG: @rodolfomadera @letsdrunch @salomecientocuatro

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