Estas sencillas prácticas implementadas en mi rutina han tenido un gran impacto en mi calidad de vida.

Hace unos 5 años empecé a entender de verdad la importancia de integrar hábitos de autocuidado en mi día a día. Realmente, es lo mejor que pude haber hecho, pues siempre he tenido una relación complicada con el estrés. Cuando digo “siempre”, hablo de que es así desde que tengo uso de razón y se ha manifestado en distintos momentos de mi vida.

El primer año escolar en un nuevo colegio, cuando tenía 5 años, trajo consigo semanas llegando a clase con dolores de estómago y náuseas. La temporada de exámenes en séptimo grado resultó en que se me cayera el cabello. Terminé con una sección de mi cuero cabelludo (del tamaño de una moneda de 25 centavos) totalmente calva. ¿Mencioné que el hueco era en la parte delantera de la cabeza? (¡Gracias!) Ya de adulta, un duelo mal gestionado cuando tenía 22 se tradujo en constantes crisis de ansiedad y paralizantes ataques de pánico que se extendieron por años y años. Todavía no canto victoria con eso.

En fin, que mi historia con el estrés y la ansiedad no es nueva y ya me tenía aburrida. Así que, decidí tomar la sartén por el mango y empezar a cambiar mi relación con ellos y, sobre todo, conmigo misma. No descubrí el agua tibia, ni les voy a dar una lista de frases de positivismo (¿tóxico?), ni a decirles que la felicidad es una decisión (realmente no lo creo así, pero ese tema de otro artículo). ¡Para nada! La primera recomendación que le daría alguien batallando con sus emociones, la gestión del estrés o su salud mental, es acudir a terapia (es el número uno en la lista). La segunda es que empiece a implementar algunos cambios sencillos en su día a día y en la forma en que se trata a sí mismo/a.

Estos 5 hábitos de autocuidado hicieron un antes y después en mi vida y en mi bienestar. hábitos de autocuidado terapia

Ir a terapia

En esta parte trataré de ser breve, pues mi intención no es evangelizar con el tema. Sin embargo, ir a terapia regularmente es uno de los hábitos de autocuidado que más me ha beneficiado. A ver, cuando no sientes que las cosas andan bien en tu sistema respiratorio, vas al neumólogo. Asimismo, cuando estás sufriendo de migraña, vas al neurólogo. Cuando te lesionas una pierna, vas al ortopeda, y cuando hay un tema cardíaco o de presión arterial, vas al cardiólogo, ¿verdad? Pues, si el cerebro es el órgano más importante de todos y la mente es un arma tan poderosa, ¿por qué no la cuidamos de la misma manera? Ir a terapia ha hecho por mi salud mental lo mismo que han hecho mis neumólogos por mi asma. Magia.

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Levantarme más temprano

Dormir está en el top 3 de las cosas que más disfruto en la vida, así que levantarme una hora antes de lo “necesario” para cumplir con mis responsabilidades no ha sido un camino fácil. A pesar de eso, es una de las prácticas que casi nunca negocio, pues me garantiza el único momento del día que es totalmente para mí. Ser mamá de dos y tener un trabajo a tiempo completo, demandante y apasionante, es mucho. Además, están mis familiares y amigos a los que me gusta dedicar tiempo de calidad, y tengo otros proyectos e intereses. Esto implica que, desde que arranca el día y hasta la hora de dormir, estoy ocupada atendiendo algo o a alguien. Ese alguien casi nunca era yo.

Desde que me levanto una hora antes que los demás en casa (a las 5:30 a.m.), tengo 60 minutos de silencio en los que puedo estar conmigo. Me tomo mi café tranquila, medito, puedo hacer ejercicio (si estoy en eso ja ja ja), planear mis proyectos personales, ver fotos viejas (me relaja y me pone de buen humor). También aprovecho para leer y hasta publicar en mi Instagram personal. Definitivamente, dedicar esa hora para mí me hace empezar el día con el pie derecho y me pone en el mindset de priorizarme.

Meditar

Meditar

Este es otro de los hábitos de autocuidado que ha tenido un impacto en mi bienestar, mi relación conmigo y con los demás. Diversos estudios certifican los beneficios de la meditación y en este mismo website hemos hablado del impacto de su práctica en la salud mental y el bienestar en general. Pero, quisiera compartirte los cambios que he notado (y me han señalado) desde que estoy meditando regularmente.

Me siento más serena y ecuánime ante situaciones de estrés, soy menos reactiva, tengo más paciencia y soy más flexible. También, me cuesta menos ponerme en el lugar del otro, así que soy más empática, estoy más abierta al cambio, soy más relajada y rara vez me tomo las cosas a título personal. De igual manera, noto que disfruto más de las pequeñas cosas, como el olor de una vela, una comida rica, un abrazo, un paisaje, una noche estrellada, la música, etc. Ha sido algo life-changing.

Escuchar música

Empezar el día con música

En esta casa el día arranca con música. Bien puede ser bossa nova o clásicos de los 90, reggaetón, merengue, bachata o los éxitos pop del momento. Lo importante es que lo iniciamos con una nota alegre. Eso ha dado un giro de 180 grados a la rutina de despertar a mis hijas para el colegio y el humor con el que iniciamos la jornada. Sin duda, quien tiene niños en casa sabe lo retador que puede ser ese momento del día, así que es una maravilla poder decir que aquí muy difícilmente hay peleas matutinas. Nadie “refunfuña” para levantarse o sale de casa de mal humor.

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Pasar más tiempo al aire libre

Esto ocupa un empate con realizar más actividades “para niños” y, generalmente, se fusionan. Me explico. Hace mucho que empecé a notar el impacto positivo que tiene en mi estado de ánimo y mi energía el estar al aire libre, especialmente en contacto con la naturaleza. Con todo lo que trajo el Covid, especialmente el confinamiento, se me hizo totalmente prioritario estar afuera. Ahora, entre los hábitos de autocuidado que he integrado a mi vida está el hacer alguna actividad al aire libre con mis hijas todas las semanas.

Generalmente, vamos a la playa, a la piscina o a un parque. Nos encanta ir al zoológico y a la ciudad ganadera para ver y estar cerca de los animales. También nos funcionan actividades tan sencillas como dar un paseo de 10 minutos por nuestro vecindario o caminar en la Ciudad Colonial. Además del beneficio de pasar tiempo en exteriores, estas actividades que generalmente vemos como ideales para los niños me ponen en un estado de ánimo juguetón, alegre y me permiten ver las cosas con nuevos ojos.

No soy de medidas extremas (a menos que se necesiten resultados extremos), sino, más bien de hacer algo todos los días que te acerque a esa vida que quieres. Estas acciones me hacen sentir mucho más cerca. ¿Qué tal si buscas cuáles son esos hábitos que harán lo mismo por ti?

 

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