Las startups son hoy por hoy los grandes hitos del emprendimiento. Lejos de los proyectos convencionales, las también llamadas empresas emergentes apuntan al dinamismo y la escalabilidad como recursos para el crecimiento y posicionamiento en el mercado.

Por lo general, las startups están compuestas por equipos pequeños, de un máximo de 3 personas, y no cuentan con demasiados recursos. Estos equipos suelen conformarse en su mayoría o su totalidad por personas jóvenes con ciertas nociones en el área tecnológica.

A diferencia de otro tipo de empresas emergentes, las startups no generan un producto en función de lo aparente. Mediante el prototipo, ensayo y modificación buscan generar una solución económica, rápida y efectiva a un problema que no se percibe a primera vista. Para lograrlo, en la mayoría de los casos, recurren a tecnología informática.

¿Te interesa conocer más de las startups? Aquí reunimos algunas nociones clave que debes conocer para embarcarte en una aventura como ésta.

¿Cómo iniciar en el mundo de las startups?

Las empresas emergentes piensan y actúan de forma muy diferente a una convencional. Esto no es solo una cuestión de recursos. Para una startup, el estudio detallado del caso y del producto es la clave del éxito.

Para crear tu propia startup, lo primero que debes hacer es identificar el problema o carencia que desees afrontar. Es muy importante ser específico y perfilar tu idea en este punto, porque definirá en gran medida la definición de tu meta.

El siguiente paso es investigar el entorno. Identificar si tu problema ya fue identificado por alguien más, y si la solución que plantea se parece a la tuya. Aprovecha esta información y el perfil de tu idea que ya realizaste previamente para establecer los recursos que necesitas y elaborar un plan de acción.

Tras la planificación, viene el momento de la acción. Comienza a desarrollar el prototipo de tu solución, y utilízalo para demostrar su potencial a potenciales inversionistas. Este es, además, un buen momento para trabajar en tu marca. Con un prototipo, marca y apoyo financiero, podrás empezar a trabajar en tu PMM (Producto Mínimo Viable).

Una vez esté listo, podrás probar y medir los resultados, para comenzar a hacer los ajustes necesarios. Recuerda que el modelo “Crear, medir y aprender” es lo que diferencia a una startup de cualquier otra empresa emergente.

Aunque trabajar en una startup tiene sus ventajas (libertad, sentido de pertenencia, conocimiento y experiencia), también implica ciertos sacrificios. La incertidumbre, el estrés, el exceso de trabajo y los bajos sueldos serán algo con lo que deberás aprender a lidiar.

¿Qué se puede aprender del modelo startup?

En el año 2007, un grupo de amigos de San Francisco (EEUU) tenían problemas para pagar su renta. Desesperados, deciden alquilar colchones en la sala de su departamento para turistas. Con 3 huéspedes inmediatos obtienen 240 dólares. Unos cuantos años más tarde, esta idea desesperada se convertiría en AirBnb.

Veamos otro ejemplo. Kevin Systrom tiene un trabajo que detesta. Todas las noches, al acabar su jornada, llega a casa y se sienta a aprender programación. Crea una página llamada Burbn, basada en compartir contenido en base a tu ubicación. En una fiesta, conoce a un inversionista que inyecta 500.000 dólares a su proyecto. Ese fue el nacimiento de Instagram.

La mayoría de las grandes startups del mundo tienen historias increíbles detrás de ellas. Incluso si sientes que este modelo de emprendimiento no es lo tuyo, puedes aprender varias cosas de él.

Principalmente, acerca de innovación, dinamismo y superación. Nunca olvides que emprender no es empezar de cero. El emprendimiento es para todos, incluso las empresas consolidadas. Explora nuevas áreas del mercado, innova para generar mejores resultados y no dejes de crecer.

Recuerda, además, ver el fracaso como un científico. El fracaso no es un problema, es una solución. Es información nueva, que te permitirá generar mejores resultados a futuro.